La semana, otra semana más, ha sido desastrosa para la economía española. Y es que cien mil millones de euros, los que podría necesitar la banca para salir del atolladero en que se ellos mismos se metieron financiando la locura de la especulación inmobiliaria, aquella que hace unos años hacía que el precio de las viviendas subiera un día tras otro y hoy mantiene cerrados millones de pisos en todo el país.
Todo el dinero que está enterrado en ladrillos es el que ahora necesita España para salir de la crisis. Pero es más fácil transformar los euros en ladrillos que viceversa.
En todo caso, los especuladores, los mismos que ayer hacían negocio comprando inmuebles en España, hoy lo hacen apostando contra la deuda española que está enterrada en aquellos ladrillos. Gracias a esos señores la prima de riesgo española ha alcanzado los 550 puntos obligando a la ciudadanía española a pagar su deuda pública a un 7% de interés.
La prima de riesgo es el sobreprecio que tiene pagar el estado por lograr financiación. Y cuando aumenta lo hace también en paralelo el déficit futuro en una especie de espiral infernal interminable… Una espiral que esta semana, a pesar de la operación rescate, o gracias a ella, vivía sus peores momentos.
Y lo peor es que el fondo de todo esto lo que subyace es algo tan sencillo, tan elemental como la confianza. En economía, la confianza es dinero. Si te dan dinero confían en ti. Si no te lo dan, no. La poca confianza que tienen los banqueros se muestra con la imposibilidad de conseguir crédito de los bancos. Y si los bancos españoles no confían en la banca española… ¿cómo se puede esperar que confíen fuera?.