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Mostrador de Thomas Cook en el aeropuerto de Tenerife Sur.

Afectaciones en aeropuertos canarios por la quiebra de Thomas Cook

Quienes aguardaban hallar cerrada la oficina de Thomas Cook en el aeropuerto Tenerife Sur se llevaban el día de ayer una sorpresa. Las instalaciones del operador turístico proseguían en funcionamiento –entre otras cosas pues cobijan asimismo las de sus divisiones en Alemania y los países nórdicos–, si bien el personal que lo atiende tenía menos trabajo del que uno hubiera imaginado. El aeropuerto Reina Sofía solo tenía prevista la salida de un vuelo de la compañía, con destino Manchester. Si bien el despegue estaba en un inicio fijado para las veintiuno y cincuenta y cinco horas, fue reprogramado para salir a las ciento cincuenta y cinco de el día de hoy, de forma que sus preocupados pasajeros deberían llegar al aeródromo de la urbe británica a las seiscientos veinticinco, con tiempo –aunque quizá no con excesivas ganas– de dar cuenta de un genuino desayuno inglés, explican a El Día de Tenerife.

Ni indicio, por consiguiente, de las colas, aglomeraciones y escenas de nervios  que se registraban a exactamente las mismas horas en los aeropuertos de Baleares. Más bien un lento goteo de viajantes –no todos afectados–, que habían sido informados en sus hoteles de las medidas adoptadas por el Gobierno del R. Unido para hacerlos retornar a casa. En verdad, Autoridad de Aviación Civil británica sostiene una web en la que especifica la situación de cada uno de ellos de los vuelos de Thomas Cook previstos para estos días y a la que se accede desde el portal en la red del operador turístico, ya anulado. La operación retorno se desarrollaba el día de ayer con fluidez y hasta calma. Ningún rastro apuntaba a que el de el día de ayer fuera un día excepcional en el aeropuerto del Sur.

Los  trabajadores de Thomas Cook y sus filiales señalaban con afabilidad a los cronistas que para cualquier información debían dirigirse a sus oficinas centrales en la ciudad de Londres y realizaban su labor en un entorno de relativo sereno, solo roto por ciertos capítulos, como el de una pareja –curiosamente, alemana– cuyas vacaciones, ya por sí imborrables, lo son aún más a raíz de lo ocurrido desde el instante en que los inconvenientes financieros obligaran a echar el cierre al operador turístico británico, el segundo en volumen de clientela para Canarias.

Abonar la estancia ya pagada

Marcus y Vanessa, naturales de Munich, tienen prevista su marcha mañana, mas ayer les reservaba una desapacible sorpresa. En una carta deslizada bajo la puerta de su habitación, la dirección del hotel en el que se alojaban, frente a la nueva de la quiebra del operador turístico, les demandaba el pago de su estancia, que habían abonado a Thomas Cook mas que el establecimiento todavía no había recibido. El personal de la oficina trataba de solucionar el inconveniente poniéndose en contacto con el hotel. Quizá lo lograra, mas el desazón conminaba con obscurecer en parte lo que habían sido unos días felices, e inclusive recordables para ambos: a lo largo de una corta estancia en La Gomera, Marcus había pedido matrimonio a Vanessa. Para conocer la contestación de ella no era preciso saber alemán o bien inglés: su resolución en tan trascendental instante lucía en su dedo en forma de anillo de compromiso.

Aparte de los trece hoteles que tiene Thomas Cook en Canarias –parte de los cuarenta y dos que administra de manera directa o bien están vinculados a su marca en España–, muchos establecimientos de las islas reciben una nutrida clientela proporcionada por los bultos turísticos del operador turístico británico. Los de la cadena Spring son ciertos de ellos, y su comportamiento con los turistas perjudicados por la caída de la compañía difiere mucho del trato recibido por Marcus y Vanessa.

Apenas cien metros apartan los hoteles Spring Bitácora y Vulcano, ubicados en una de las zonas más turísticas de Tenerife: Playa de las Américas. En ninguno de ellos se apreciaban el día de ayer colas o bien quejas protagonizadas por los visitantes.

Muerte anunciada

“No ha habido ningún problema”, aseguraba el equipo que atiende la recepción del Bitácora. Más de veinta habitaciones del establecimiento estaban ocupadas el día de ayer por clientes del servicio que han llegado a él de la mano de Thomas Cook. A todos se les facilitaba información, con unas cuarenta y ocho horas de antelación, sobre la salida de sus vuelos. De momento, en verdad, pueden estar tranquilos: todos y cada uno de los previstos para el día de hoy desde Tenerife Sur van a salir, la mayor parte de ellos, aun, a la hora señalada. Conforme los trabajadores de la recepción, la organización ha sido la tónica de la jornada, lo que resulta sorprendente si se tiene presente que solo han pasado unas horas desde el instante en que se oficializó el cierre del operador turístico.

Es posible que la palabra que lo explique todo sea exactamente esa: oficializar. Por el hecho de que la quiebra del histórico operador turístico –178 años de vida– ha estado en las previsiones del campo a lo largo de los últimos meses y prácticamente se había transformado en una muerte anunciada una vez que sus acreedores –los bancos británicos– le requirieran doscientos millones de libras auxiliares para dar el visto bueno a su plan de refinanciación de la mano del conjunto chino Fosum. En el hotel vecino se tiene esa sensación.

“Se puede decir que los clientes del servicio prácticamente lo sabían”, apunta su jefe de recepción. Lo previsible de la situación, unido a que el día de ayer no se aguardaban entradas ni salidas de turistas de Thomas Cook en el establecimiento, ha contribuido a que la jornada no fuese ni muchísimo menos crítica. En cuarenta de las trescientos setenta y uno habitaciones del Vulcano se alojaban clientes del servicio del operador turístico inglés. “Han sido plenamente comprensivos. Saben que no es culpa del hotel y que tanto como somos víctimas de esta situación”, señala la encargada de recepción.

De momento, la operación retorno transcurre sin incidencias: todos y cada uno de los vuelos van a salir en los días previstos. Si en algún instante no fuese de esta manera –y si los turistas deben continuar en sus hoteles más tiempo del reservado–, deberán hacer frente al pago de la estancia no contratada.

Colas en el aeropuerto de Gran Canaria

“Keep calm”. Esas fueron, tal vez, las 2 palabras que más se repitieron el día de ayer en las colas que se vertebraban en frente de los mostradores de facturación apostados entre los números trescientos veintitres y trescientos treinta y cinco en el aeropuerto de Gran Canaria. Mas una calma aliñada con mucha inseguridad era el entorno que se respiraba horas antes que despegaran los vuelos de rescate a fin de que ningún pasajero británico se quedara en tierra. La quiebra de Thomas Cook y la consecuente cancelación de las 4 operaciones que estaban programadas cara Londres, Birmingham, Manchester y Bristol llevó a abundantes turistas de R. Unido a adelantar su hora de llegada al aeródromo para pedir información. La mayoría de ellos lo hacía sin tener la garantía de poder volver a casa ayer de noche, como tenían previsto, mas con la esperanza de localizar una contestación positiva. Y de esta manera fue, si bien para ciertos, como Karen Gorst y Gary Turner, fue algo agridulce. No se quedarían tirados en el aeropuerto ni deberían exender su estancia en la Isla, mas el regreso a su casa sería más largo de lo aguardado.

Si bien fueran 4 los vuelos de salidas anulados -y otros 4 de llegada-, los británicos perjudicados por la ruina del gigante de la turoperación fueron repatriados en 3 aeroplanos -uno de ellos de mayores dimensiones-, lo que provocó que ciertos de ellos tuvieran que hacer quilómetros de más para llegar a su punto de inicio. Gorst y Turner, de la ciudad de Londres, voló ayer por la noche hasta Manchester. Desde allá, contaron con resignación, deberían subirse a una guagua para salvar los trescientos treinta y seis quilómetros que apartan a esa urbe de la capital inglesa.

Los pasajeros intercambiaban mensajes de ánimo y calma para hacer más dulce la espera. O bien por lo menos a fin de que no fuera tan aburrida pese al mismo tiempo en cola. Los turistas contaron con la información que dispensaba un mostrador de la autoridad británica de aviación entre las puertas siete y ocho del aeropuerto. Desde allá los redirigían a la sala de facturación, donde asimismo contaban con el apoyo del personal del Gobierno de R. Unido y de la propia vicecónsul británica de Las Palmas, Jackie Stevenson.

De pie, en el suelo, en las sillas, jugando a las muñecas o bien a las cartas, los perjudicados mataban el tiempo a la espera de que les llegara el turno de facturación. Fue el caso de las amigas Florence Sharmar y Beth y Katy Cunningham, que compartían con alegría poder volver a Londres. No aguardaban que sus vacaciones de una semana en Gran Canaria acabase de esa forma, mas preferían ser positivas y quedarse con el recuerdo de su experiencia en Gran Canaria. Quien lo pasó algo peor fue el matrimonio formado por Jodie y Ami Cutler. Cuando llegaron al aeropuerto les comunicaron que no podrían volar, mas por último el fallo se remedió y pudieron subir a un aeroplano. // A. R. (Las Palmas de Gran Canaria)