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viernes, 22 octubre, 2021

'Ariadne auf Naxos': poderoso caballero

Valoración Crítica3

‘Ariadne auf Naxos’. Música: R. Strauss. Intérpretes: M. L. Värelä, Y también. Sancho Pereg, N. Schukoff, S. Hankey, J. A. López. Orquesta del Liceo. K. Mitchell, dir. Escena. Josep Pons, dir. Musical.

En la presentación de la producción que ha estrenado la época del 175º aniversario del Liceo, preguntaron al directivo artístico, Victor García de Gomar, por qué razón se había optado para tan notable ocasión por una pieza que no es parte integrante de «las grandes» óperas del repertorio. Visto el espectáculo, se afirmaría que no hay ópera mejor que ‘Ariadne auf Naxos’ para abrir todas las temporadas de todos y cada uno de los teatros de ópera del planeta.

A la velada asistió la plana mayor de los gobiernos de España, catalán y de Barna -salvo, claro está, la alcade Ada Colau, a quien la crítica social y la reflexión de género que hace este montaje no interesan en lo más mínimo-. Asimismo estuvo ahí lo más importante del planeta empresarial de la urbe, y una buena parte de las psiques creativas que, contra viento y marea, sostienen viva la llama de la cultura en el país.

Puesto que bien, ante sus ojos, Strauss y su argumentista volvieron a lanzar su crítica malévola a los riesgos de la relación entre dinero y inventiva. El razonamiento, recordémoslo, una parte del pésimo gusto de un pudiente vienés que para ahorrar tiempo fuerza a 2 compañías de teatro a fusionar sus espectáculos: una ópera sobre la desgracia griega ‘Ariadna en Naxos’ y una pieza ligera de ‘Commedia de’ll Arte’. Su único razonamiento es que ha pagado, y por consiguiente manda. Que el destino haya querido que esta ópera volviera a Barna inmediatamente después de la apoteosis del ‘kitsch’ que fue el concierto de la Filarmónica de Viena en la Sagrada Familia es una de aquellas coincidencias que nos hacen opinar que hay poesía (satírica, en un caso así) en el cosmos.

En lo referente a la función, el espacio desarrollado por Katie Mitchell es vibrante a lo largo del prólogo, mas cae en un tal vez excesivo estatismo a lo largo de la ópera propiamente dicha. A eso, hay que agregar un cierto hastío en sus escenografías de los últimos tiempos, que semejan todas y cada una sacadas del mismo patrón: una estancia pequeña y obscura a la izquierda y otra más grande y lumínica a la derecha, donde acostumbra a terminar apareciendo una mesa a la que se encarama ciertos personajes. Lo mismo le sirve para Strauss que para Benjamin o bien para un Pelléas et Mélisande. Los detalles de incorporar texto para dar más presencia a los dueños de la mansión y hacer que Ariadne esté encinta y dé a luz ni incordian ni aportan demasiado a un guión que Strauss jamás llegó a estimar totalmente redondo ni totalmente terminado.

Entre las voces, sobresalió la música de Samantha Hankey, que bordó su papel a la vera de un genial profesor de música, encarnado por José Antonio López. Miina-Liisa Värelä fue una hermosa Ariadne -sin considerablemente más-, al tiempo que en el papel de tenor (Bacchus), Nikolai Schukoff pareció pasar algún apuro. Elena Sancho Pereg firmó una Zerbinetta muy correcta en lo vocal, aunque es previsible que su personaje vaya medrando en las próximas funciones hasta lograr ese punto de desenfado que se espera de ella. Desenfado, aceptémoslo, complicadísimo de lograr tanto por la endemoniada partitura como por el movimiento escénico que le demanda esta producción. Por último, Josep Pons, genial conocedor de la partitura y del repertorio Straussiano, no tuvo seguramente su mejor noche. Aunque es verdad que la partitura incluye pasajes escritos de forma deliberada a fin de que se perciban como desajustados -al fin y a la postre, se supone que una parte de los músicos están improvisando-, múltiples entradas inciertas y algún tropiezo en la coordinación entre foso y escenario dejaron ganas de regresar a ver otra función en la que, ya todos libres de la presión del estreno, la partitura del muniqués luzca todavía más.

Como aspecto práctico para quien no haya comprado aún sus entradas: Katie Mitchell ubica la acción de no pocos instantes esenciales en el extremo derecho del escenario. Si piensa adquirir localidades del anfiteatro cara arriba, asegúrese de que sean impares. Si no, perderá de vista a Ariadna en 2 de sus arias, a los bailarines de Zerbinetta en múltiples de sus gracietas e inclusive a la propia Zerbinetta a lo largo de un tercio de su mítica aria.

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