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Una mujer con una mascarilla en un mercado de Hong Kong, este miércoles.

China examina su tradición culinaria por el coronavirus

Con esa fauna se completan dos temporadas del ‘National Geographic’. Ratas de bambú, pequeños cocodrilos, cachorros de zorro, tortugas, víboras, erizos… «Llévate un avestruz a casa por el equivalente de quinientos veinticinco euros o bien un corzo por setecientos ochenta euros». Son cien animales, vivos o bien listos para el estofado. El cartel colgaba en un puesto del mercado Huanan de la ciudad de Wuhan, epicentro de la epidemia del coronavirus que, a data de veintinueve de enero, ya ha ocasionado ciento treinta y dos muertes y más de seis mil contagios.

Existen muchos zoológicos culinarios en China mas pocos como el de Huanan: un millar de comercios que ofrecen desde prosaicos tomates a los bichos más exóticos. «He ido alguna vez para adquirir fruta. No está más sucio que el resto, mas tiene un montón de animales salvajes. De ahí que intento evitarlo», explica Liu, vecino de la ciudad de Wuhan. Huanan está clausurado desde el instante en que 4 vendedores mostraron síntomas de una extraña neumonía a fines de diciembre y el día de hoy solo lo pisan los técnicos para pesquisar de qué bestezuela brotó el virus. China prohibió la semana pasada el comercio de animales salvajes hasta nueva orden en mercados, restoranes y también internet.

El día de hoy es Huanan y en el dos mil dos fue Qin Ping. Desde aquel mercado de Cantón se extendió el virus del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) que inficionó a ocho mil personas y mató a ochocientos en el mundo entero. Ya entonces China discutió sobre los peligros de su tradición culinaria para la salud pública y aprobó una prohibición absoluta que levantaría el próximo año para cincuenta y cuatro especies.

No han sido escasos sus sacrificios por ordenar el caos. Se ha mejorado la higiene en los mercados húmedos y aprobado un sistema de licencias con chequeos rutinarios. Beijing, Shanghái y Shenzhen han prohibido la venta de aves de corral y otros animales vivos en el centro. China aprobó en el dos mil catorce una ley contra el comercio de animales en extinción que mandaba a la prisión a lo largo de 3 años al que los comiese. Lo había intentado antes: asedio a los furtivos, multas millonarias, redadas policiales, campañas del baloncestista Yao Ming o bien el actor Jackie Chang… todo menos castigar al comensal, último y también indispensable eslabón de la cadena delictiva.

Platos «fuera de carta»

Mas Huanan ha revelado deficientes esas medidas contra el comercio de animales salvajes, en riesgo de extinción o bien no. Los inspectores de sanidad no hallaron nada sospechoso un mes antes que estallase la crisis, las leyes se cumplen con relajación, no es extraño que los restaurants ofrezcan platos «fuera de carta» y en la red ha florecido un mercado de complicado control.

«Los mercados húmedos son lugares donde múltiples especies de animales conviven y son sacrificados. La concentración de los animales y sus fluidos anatómicos facilitan que un nuevo patógeno salte de una especie a otra», apunta Amesh Adalja, epidemiólogo del Centro John Hopkins para la Seguridad Sanitaria.

En el SARS fue un virus que mutó desde un murceguillo a una civeta; en el presente se discute si se produjo en víboras (ciertos especialistas son incrédulos sobre la transmisión de reptiles a mamíferos) o bien en un murceguillo del que pasó a otro huésped animal ya antes de contagiar a los humanos.

Los alegatos oficiales sugieren un cambio radical. La Comisión Central para la Inspección y Disciplina, ocupada por norma general en depurar las manzanas podridas del partido, señalaba esta semana que «China debe respetar las leyes naturales y fomentar los hábitos alimenticios científicos y saludables».

Consumo de animales prácticamente vivos

Ocurre que las materias frescas son innegociables para muchos chinos, el sacrificio reciente es preceptivo y las neveras arruinan la ceremonia. El consumo de animales prácticamente palpitantes integra la cultura y es entendido como un lujo por un pueblo con el apetito en su biografía reciente. Sumemos las opiniones telúricas sobre sus virtudes medicinales, así sea una vida o bien una erección más longeva, y el resultado es una inercia insuperable.

Un vídeo viral con una joven zampándose con palillos un murceguillo se esgrime estos días como incierto corolario de que los repulsivos y asilvestrados hábitos alimenticios chinos conminan la salud global. El vídeo, en verdad, está grabado en Palau, una isla del Pacífico, y esa insolencia occidental de imponer al planeta sus subjetivos criterios sobre qué animales son comibles limitan con el racismo. Las voces más prudentes han aclarado que es la higiene, y no el menú, lo que urge mudar en China. La epidemia del H1N1 nació en los cerdos y es poco probable que llenar de antibióticos al ganado en las explotaciones intensivas de Occidente vaya a traer buenas noticias a la salud global.