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Cómo hacer mudanza de forma placentera

Cómo hacer una mudanza de forma placentera no es un misterio; se puede llevar bien con la actitud adecuada. Cambiar de casa o de oficina puede resultar cansado, pero también ilusionante, pues nadie se traslada voluntariamente de un sitio a otro para estar peor que antes, normalmente suele ser por una mejora de nuestro anterior local u hogar.

Cómo hacer mudanza de forma placentera es posible

En contra de la “leyenda negra” que acompaña a un cambio de casa. Una mala fama que llega al extremo de que, ante la inminencia de un traslado, o durante el mismo, ocho de cada diez españoles sufren estrés, según los profesionales de las compañías especializadas en este ámbito, como los de la empresa de mudanzas Anyvan.

Un traslado de domicilio no tiene por qué ser estresante y, sin embargo, suele ponernos nerviosos. ¿Por qué? Porque la resistencia al cambio es algo muy interiorizado en el ser humano. Hasta los más aventureros sienten inquietud e incertidumbre ante las situaciones nuevas. Sube la adrenalina y, precisamente por eso, gusta la aventura. Por eso, y por el placer de contarla después a los que no la han vivido y recordarla con quienes la hayan compartido.

Romper la inercia y la rutina

También los objetos inanimados tienden a seguir como estaban. Isaac Newton lo vio y formuló en su primera ley: la de la inercia.

Pues bien: salir de la inercia y la rutina no sólo no tiene por qué ser algo malo, sino más bien al contrario. Nadie cambia voluntariamente para ir a peor.

Lo que sí puede ocurrir es que el periodo del tránsito de un domicilio o trabajo hasta otra residencia u oficina sea cansado: hay que organizar y clasificar todas las pertenencias, empaquetarlas y embalarlas, cargarlas hasta un vehículo para el traslado, etc.; y, una vez en el destino, hacer la operación inversa: descargar, desempaquetar, desembalar, recolocar en el lugar nuevo y, casi lo más seguro, con otra disposición, aunque tendamos a repetir en dicho lugar nuevo el mismo orden en el que estaban en el viejo. Por inercia….

Ya no es el qué, sino también el cómo hacer la mudanza lo que nos puede estresar y producir innecesariamente una sensación de ansiedad que, lejos de ayudarnos a realizar el cambio, nos lleva a bloquearnos.

Contar con tiempo y con profesionales

Cómo hacer mudanza de forma placentera es posible, y no de forma traumática, si se siguen ciertas pautas; si no se dejan las cosas para última hora, por ejemplo. Una mudanza no es algo que se haga de un día para otro. Entonces, ¿por qué habría que prepararlo todo a última hora, sin remedio? El tiempo es nuestro mejor aliado cuando contamos con él. Debemos anticiparnos a los acontecimientos y tener todo previamente organizado.

Programar. Ésta es la palabra clave. Hay que establecer un calendario, lo más corto posible en días, o incluso en horas, para realizar la mudanza de manera escalonada, aunque se haga dentro de una misma jornada.

En primer lugar, hacer un reconocimiento general del lugar al que te trasladas: comprobar que todo está preparado para recibir nuestros muebles, todos nuestros enseres y hasta a nosotros mismos.

En segundo lugar, tener todo lo que se vaya a trasladar perfectamente clasificado en origen, para poder encontrar cada cosa en el destino con el menor esfuerzo posible y, sobre todo, sin tener que perder innecesariamente el tiempo en buscarlo, tan valioso en una mudanza.

En tercer lugar, es aconsejable trasladar primero aquello que más abulta, si la mudanza se hace en un solo día, o aquello que sea menos necesario, si se va a realizar en dos o más jornadas distintas. Siempre teniendo en cuenta que la mudanza, cuanto más breve en el tiempo, mejor.

En cuarto lugar, dividirse en equipos, si ello es posible. Es decir, que mientras que una parte de la familia o pareja se queda en la casa de donde va a salir, para controlar el envío (salida) de todas las pertenencias y evitar olvidos y pérdidas que podrían ser irrecuperables, la otra parte de estas personas se queda en el domicilio nuevo, el de destino,para supervisar la llegada de cada cosa e ir colocándola en la medida de lo posible.

En quinto lugar, aceptar que los imprevistos son inevitables. Nada es perfecto. Las mudanzas las hacemos seres humanos y puede haber olvidos, alguna pequeña descoordinación o la caída y ruptura de algún objeto de forma accidental. No permitir que una experiencia ilusionante (recordemos que cambiamos para vivir mejor) se estropee por un incidente menor.

Y, sobre todo, contar con profesionales. Dejemos en manos de los expertos todas las tareas a las que nosotros no estamos acostumbrados: desde el embalaje hasta el traslado. Ellos saben cómo hacer la mudanza, entre otras cosas, porque las hacen todos los días y pueden aconsejarnos sobre la mejor manera de proceder.