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Cómo mejorar nuestra salud mediante el running

Día tras día las cuotas de sedentarismo crecen a lo largo y ancho del mundo. Las tecnologías de la comunicación nos lo ponen todo más cerca, y eso tiene su lado bueno y su lado malo.

En este caso, el lado malo es la proliferación de estilos de vida arraigados en el mínimo esfuerzo físico, los cuales a la larga acaban provocando problemas de salud.

Existe la equivalencia de que cada hora que pasamos sentados es una hora menos de vida. Puede que esta equivalencia suene a exageración, pero la realidad es que el sedentarismo es un serio factor de riesgo para nuestra salud, causando problemas de circulación, de movilidad, de colesterol y muchos más.

En personas mayores de sesenta años el sedentarismo está cercanamente relacionado con la pérdida de movilidad física y autonomía a la larga, además del aumento del riesgo de infarto.

Sin embargo, la solución a toda esta batería de problemas no es para nada rebuscada y ni siquiera cuesta dinero. 

La mejor forma de luchar contra el sedentarismo es salir a la calle y aprender a correr. Hay que hacer particular hincapié en la parte de aprender, pues correr no es tan fácil como poner un pie detrás de otro muy rápido, sobre todo si pretendemos hacerlo durante mucho tiempo y convertirlo en una costumbre.

A continuación explicaremos las diferentes técnicas que podemos usar para aprender a hacer running de forma rutinaria, además de algunos de los obstáculos más comunes para aquellas personas que están empezando con esta práctica tan saludable.

Cómo empezar

Como en cualquier otro deporte, al correr ponemos bajo presión a nuestros músculos y articulaciones, existiendo la posibilidad de lesión en el caso de que se lleve a cabo una mala praxis del ejercicio.

Para evitar este riesgo lo ideal es equiparnos con material deportivo de calidad, particularmente en el apartado de las zapatillas de atletismo.

No queremos utilizar zapatillas demasiado duras que distribuyan todo el peso en nuestro tobillo y rodilla, ni demasiado blandas o cortas por el peligro de esguince.

Una vez estemos bien pertrechados, el siguiente paso es realizar una serie de estiramientos y calentamientos para evitar que nuestros músculos se tensen en frío y se desgarren. La clave de cualquier ejercicio es hacerlo de forma progresiva, pues nuestro cuerpo y nuestros músculos tienen memoria y son sensibles a los cambios muy bruscos.

Es importante que nos organicemos adecuadamente para correr. No se trata de salir a correr cuando nos apetezca, porque en algún punto u otro nos dejará de apetecer. Se trata de ponerse unos horarios para correr, ya sean un par de días a la semana o en aquellos momentos que tengamos un hueco libre.

Por último, deberíamos marcarnos una ruta e ir cambiándola progresivamente hasta que se adapte por completo a nuestras necesidades deportivas.

Obstáculos y cómo superarlos

¿Qué sucede cuando ya no tenemos ganas de correr más?

El running es un deporte profundamente psicológico, mucho más centrado en la fuerza de voluntad y el aguante que en la propia fuerza física. Cada día salir a correr se va volviendo más y más fácil porque nuestro cuerpo va notando lo bien que le sienta, pero llegados a cierto punto es posible que choquemos con un muro de desmotivación y no sepamos qué hacer para superarlo.

Lo primero y lo más importante es entender que esto es completamente normal. Nadie es constante al cien por cien para siempre. 

Hemos mencionado que el running es fundamentalmente psicológico, y esto tiene una implicación clara. En ocasiones vamos a necesitar el apoyo de un profesional, y en el caso del running y del deporte en general, el equivalente a un psicólogo es un entrenador personal.

Esta persona nos puede ayudar a entender los fallos en nuestro sistema, en nuestros horarios e incluso nuestras posibles carencias nutricionales en el caso de que tengamos alguna.

Con su ayuda seremos capaces de salir del bloqueo por el que todos pasamos en un punto u otro.