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martes, 15 junio, 2021

de esta manera fue el artículo que ruborizó al imperio Playboy

Gloria Steinem (Toledo, Ohio, mil novecientos treinta y cuatro), premio ‘Princesa de Asturias’ de Comunicación y Humanidades dos mil veintiuno, se ha ganado a pulso el título de «referente feminista». Cronista y escritora, fue alén de pancartas y manifestaciones. Sirva el mejor ejemplo: con veintinueve años, se hizo pasar por ‘conejita’ en un club del imperio Playboy en la ciudad de Nueva York para denunciar el sexismo hecho negocio. La gaceta Huntington Harford’s Espectáculo publicó el «diario» con su experiencia, y logró lo impensable: escandalizar a la sociedad describiendo unas prácticas que, hasta ese momento, se habían dado por buenas. Era el año mil novecientos sesenta y tres. De este modo fue el artículo que ruborizó al imperio Playboy.

Tenía veintinueve años, trabajaba como escritora «autónomo» y compartía piso. Colgaba de la pared su título de graduada cum laude en la Smith College (universidad femenina de Massachusetts). Mas poco importaba ese diploma en el club Playboy. Lo que de veras le sirvió para entrar en el imperio de Hefner fueron sus medidas y su belleza. En el artículo, titulado «A Bunny’s Tale» (que se puede traducir por «El cuento de la conejita»), explicó que todo comenzó con un anuncio.

«¿Te ofrece el club de conejitas Playboy un trabajo glamuroso, conocer a gente conocida y hacerte con mucho dinero? Sí, es cierto. Las chicas jóvenes y atractivas pueden ganar entre doscientos y trescientos dólares americanos a la semana en el fantástico club Playboy de la ciudad de Nueva York», señalaba la oferta. Citaba a las aspirantes para las entrevistas presenciales los días veintiseis y veintisiete de enero de aquel año. Y allá fue Steinem.

No sin ya antes transformarse en otra: Marie Catherine Ochs. «Que me excusen mis antepasados, es un nombre familiar», escribió en la primera entrega del «diario». Marie Catherine tenía su semblante, sus medidas y su pelo rubio. Mas tenía otra vida. Steinem ideó para su «conejita» una historia de falta de recursos. Un pasado como camarera en la ciudad de Londres, bailarina en la ciudad de París y secretaria en Ginebra. Asimismo había trabajado como secretaria en una pequeña fundación en la ciudad de Nueva York. Ni de lejos había ido a la universidad, si bien Marie Catherine Ochs sí había estudiado en el instituto.

Su historia prosigue con la entrevista: «Quítate el gabán», le afirmó una treintañera a la que identifica en el artículo como Miss Shay. Asimismo le solicitó las medidas, con singular esmero las del pecho. En ese salón había otras 2 jóvenes haciendo una prueba y, a una de ellas, la entrevistadora llegó a decirle que mejor pusiese sus medidas sin sostén a fin de que se reflejase en la petición un mayor contorno. «Otra preguntó si contrataban a chicas de dieciocho años recién cumplidos, a lo que Miss Shay le respondió; ‘claro'». Con una regla: no podría trabajar en el turno de medianoche.

«El traje era tan estrecho que me afirmaron que inhalase mientras que me subían la cremallera», escribió Steinem

Marie Catherine Ochs -o bien Gloria Steinem- salió de aquella sala con una prueba para el trabajo. «Vas a ir el miércoles en el primer turno (…), vete a la sexta planta y pregunta por la ‘Bunny Mother’ (la ‘mamá conejita’)». Describió de qué forma los hombres aguardaban, en fila, para entrar al club. Y los vestuarios de las «conejitas». Ciertas se metían pañuelos de papel para abultar el pecho, todo era un desfile de piel y poco más. Los corsés eran de satén. «No semeja que tengas veinticuatro, semejas más joven», le afirmaron. Cuando la «mamá conejita» le ofreció el uniforme, un corsé de color azul, supo que era «muy apretado». «Me afirmó que inhalase mientras que me subía la cremallera», escribió Steinem. Entonces la subieron en unos altos tacones y la lanzaron al «espectáculo».

Steinem reflejó en aquel artículo que debían estudiar una «guía» para charlar con los clientes: «Es la biblia de las conejitas», la informaron. Un puñado de oraciones hechas -«¿Puedo ofrecerle algo más, Míster Jones?» o bien «Aguardamos que vuelva pronto, Míster Jones»- que hicieron que Steinem se sintiese «como un PC de IBM».

Describió asimismo las pruebas médicas a las que la sometieron. Incluidos tests de enfermedades venéreas. La contestación del médico fue rotunda: «Me afirmó que no fuese estúpida, que todas y cada una de las empleadas debían hacerlo para saber que estaban limpias«. Asimismo objetó sobre un «examen interno», a lo que le contestaron que «las chicas que objetan enérgicamente tienen alguna razón».

Su paso por el club del imperio Playboy fue corto, mas ocupó múltiples entregas en la gaceta. Sostuvo su puesto como «camarera» hasta el momento en que le solicitaron una identificación. Marie Catherine Ochs desapareció por siempre.

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