/«Debí pasar por 4 CAP hasta el momento en que por último conseguí abortar»
El CAP Guinardó, donde Marta (nombre ficticio) se topó con varios ginecólogos objetores de conciencia.

«Debí pasar por 4 CAP hasta el momento en que por último conseguí abortar»

Marta (nombre falso), de treinta y ocho años y vecina de Barna, descubrió que estaba encinta de 6 semanas. Decidió abortar. Esta carrera de obstáculos para interrumpir de manera voluntaria su embarazo en internet sanitaria pública que Marta narra a EL PERIÓDICO ocurrió hace solo un par de meses, el pasado noviembre.

«Primero fui al centro de atención primaria (CAP) Numància. Allá, un médico de emergencias me afirmó que mi caso no entraba en los preceptos legales». Falso: cualquier mujer en España está en su derecho a abortar libre y gratis, por resolución propia, sin la intervención de terceros y sin dar ningún género de explicación, a lo largo de las primeras catorce semanas de gestación. Además de esto, asimismo se puede abortar hasta el final del embarazo toda vez que se cumplan las condiciones que establece la ley: hasta la semana veintidos en casos de graves peligros para la salud de la madre o bien el embrión y, desde la vigésimo segunda semana, en el caso de que el embrión tenga anomalías incompatibles con la vida o bien una enfermedad exageradamente grave y también insanable.

«No me hizo más preguntas. Yo le afirmé que conocía la ley y que me daba mal la información. Él insistió en que en la seguridad social no podía abortar, que debía irme a la privada», cuenta Marta, quien, al estar de tan poquitas semanas, sabía que podía someterse un aborto farmacológico: con una pastilla podía abortar en su casa. «Mas no tenía claro cuál era el protocolo, de ahí que fui al CAP», agrega.

«Estando encinta de 6 semanas, un médico de emergencias me afirmó que no podía abortar pues mi caso no estaba en los preceptos legales»

Como en el CAP Numància no fue atendida, llamó por teléfono al Centro de salud de Sant Pau. «Una enfermera de ginecología me afirmó que el aborto era ilegal», asegura. El Centro de salud de Sant Pau solo efectúa «interrupciones médicas del embarazo» en aquellos casos en que la salud de la madre o bien el embrión peligra. No practica el aborto como tal, esto es, la llamada «interrupción voluntaria del embarazo», esa en la que la mujer decide con libertad no tener el hijo por la razón que sea.

El próximo paso que dio Marta fue irse al Centro de salud de la Maternitat, donde le aseguraron que lo sucedido en el CAP Numància era una «mala práctica». «En la Maternitat me afirmaron que la pastilla para abortar me la debían dar en un CAP, con lo que fui a Manso. Y pasó lo mismo: absolutamente nadie tenía claro qué procedimiento proseguir». Marta no puede probarlo, mas piensa que lo sucedido en el CAP Numància fue una cuestión «ideológica» y asimismo de «desinformación». «Si no puse una protesta es pues estaba apuradísima», apunta.

Fatigada, Marta fue al CAP Guinardó. «Allá me atendió realmente bien una matrona, mas me afirmó que esa semana de martes a viernes, los ginecólogos que había eran objetores de conciencia. Que viniese el primer día de la semana», narra. Esta mujer resalta que, en el aborto, las semanas «van corriendo» y que «cada vez existen más agobio». De ahí que decidió solicitar ayuda a una red de feministas que la dirigieron a un CAP en el que por último sí pudo abortar. No desea decir cuál.

«En el CAP Guinardó me afirmaron que esa semana todos y cada uno de los ginecólogos que había eran objetores de conciencia, que viniese la próxima»

«Pienso mucho en qué sucede cuando algo como lo que me sucedió a mí le pasa a una pequeña de dieciocho años o bien una inmigrante. Yo me he sentido muy juzgada no solo por los facultativos, sino más bien por el personal administrativo de los centros», afirma. Preguntada por qué razón no asistió a una clínica privada, Marta responde que «hay que proteger que en toda la seguridad social se hagan abortos» por el hecho de que, si no es de esta manera, se genera una «transgresión de derechos».

«¿De qué manera posiblemente un profesional médico ignore los protocolos y normativas? La ideología o bien la propia subjetividad del médico no pueden entrar en casos como este», defiende. Finalmente confiesa que, en un instante de desesperación, estuvo buscando por Internet de qué manera abortar de manera clandestina comprando pastillas. «Por último no lo hice merced a que hallé a la Associació Drets Sexuals i Reproductius (ADSIR)», concluye.

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