/Diez años del ALBA, el gigante microscopio que va a estudiar la galaxia
Imagen aérea del sincrotrón ALBA, en Cerdanyola del Vallès.

Diez años del ALBA, el gigante microscopio que va a estudiar la galaxia

A vista de pájaro, el sincrotrón ALBA semeja un gigante donut metálico o bien una nave extraterrestre “aparcada” en Cerdanyola del Vallès (Barna) mas, pese a su diseño futurista, su historia comenzó a cuajarse hace prácticamente treinta años merced a la visión de un equipo de científicos dirigidos por el físico teorético Ramon Pascual.

Asimismo sus usos son considerablemente más tangibles de lo que cabría aguardar. En verdad, toda la infraestructura está destinada a la ciencia aplicada y, ciertos de sus descubrimientos ya se emplean, hoy, en campos tan distintos como la biomedicina, la ciencia de los materiales, la nanotecnología o bien la arqueología.

El pasado veintitres de marzo, el ALBA festejó oficialmente su décimo aniversario y en nuestros días prosigue en proceso de desarrollo con la instalación de nuevos equipamientos para encarar los desafíos científicos del presente y del futuro. Por poner un ejemplo, ayudando en la lucha contra el COVID-diecinueve o bien cooperando con la Agencia Espacial Europea en telescopio Athena para el estudio de la capacitación de galaxias.

El ALBA es como un potente mircoscopio que deja visualizar la estructura atómica y molecular de la materia

Un microscopio gigante

El sincrotrón ALBA es un género de acelerador de electrones que sirve para el estudio de la materia. Es el equivalente a un potente microscopio que no solo deja observar los más pequeños detalles, sino más bien las propiedades intrínsecas de los materiales y su composición.

La directiva del sincrotrón, Caterina Biscari, trata de describirlo para los neófitos: “la instalación deja apresurar los electrones prácticamente a la velocidad de la luz. Cuando estos pasan por los campos imantados circulares emiten un haz que alumbra las muestras a estudiar y, a través de su interacción con la luz, podemos comprender las peculiaridades de la materia”. Por eso el sincrotrón fuera bautizado con el nombre de ‘Alba’, esto es, la primera luz del amanecer.

“Yo lo comparo con encender una lámpara en la mitad de una habitación oscura”, sigue la directiva. “Cuando lo hacemos, la luz interactúa con los objetos y eso nos deja verlos y inferir qué es cada cosa de forma natural. En el sincrotrón usamos un haz de luz en lugar de una bombilla”, añade.

De esta manera, a lo largo de estos diez años, el ALBA ha conseguido muchos resultados científicos, que se miden en un elevado número de publicaciones y descubrimientos, y ha logrado ampliar la comunidad de usuarios de doscientos personas a más de cinco mil, posicionándose como el sincrotrón más esencial del Mediterráneo. “Hace una década jamás creemos que podríamos ser tan competitivos y ahora tenemos el doble de propuestas de las que podemos atender”, comenta Biscari.

Estudiando la capacitación de galaxias

Hoy día, el sincrotrón ALBA dispone de 8 líneas de luz y 5 más están en fase de construcción. De entre todas y cada una resalta la número trece, bautizada como Minerva, destinada al desarrollo de la tecnología espacial.

Se trata de un proyecto últimamente aprobado, en cooperación con la Agencia Espacial Europea, para estudiar los orificios negros o bien la capacitación de galaxias, y que va a entrar en funcionamiento en el dos mil treinta.

Minerva aportará luz de sincrotrón a los espéculos que conforman la óptica del telescopio de rayos X avanzado Athena -dotado con un presupuesto de mil trescientos millones de euros-, capaz de observar con mayor profundidad la capacitación de grandes estructuras galácticas o bien los fenómenos celestes más calientes.

Esta nueva línea de investigación no estaba en lo más mínimo prevista en el plan inicial del sincrotrón ALBA, cuyos descubrimientos tienen un impacto prácticamente inmediato en la sociedad; mas, como considera la directiva Caterina Biscari, «hay siempre y en toda circunstancia que tener una visión de largo recorrido en materia de infraestructuras científicas”.

La nueva línea Minerva dejará al telescopio Athena estudiar los orificios negros o bien la capacitación de galaxias

Lucha contra el coronavirus

Mas los haces de luces del ALBA no son solamente útiles para el estudio físico y químico de superficies avanzadas o bien advertir los rayos X de altas energías; sino asimismo sirven para solucionar los desafíos presentes, tan urgentes como el COVID-diecinueve.

Las técnicas del sincrotrón pueden asistir a comprender la estructura molecular de los coronavirus y sus mecanismos de infección de células sanas. Por esta razón, el ALBA pone al servicio de toda la comunidad científica su instrumentación, sus conocimientos y su personal para contribuir a solventar dicho reto.

“Podemos asistir a la lucha contra este virus y a la siguiente restauración de la crisis económica, en tanto que somos una herramienta esencial para el desarrollo industrial”, asevera Biscari. “Si algo nos enseñó la última desaceleración económica es que hay que invertir en la ciencia y vamos a estar listos para respaldar la reconstrucción del país y que no haya un retraso en el servicio a la humanidad”, concluye.

El sueño de un físico teorético

El ALBA se inauguró en dos mil diez mas su historia se remonta por año mil novecientos noventa y dos, cuando el físico teorético de la Universitat Autònoma de Barna (UAB) Ramon Pascual planteó la idea, en tiempos de Jordi Pujol. Al comienzo se pensó en un colisionador de partículas. «España jamás había tenido una instalación de estas peculiaridades mas era demasiado ambiciosa”, comenta la directiva del sincrotrón, Caterina Biscari.

Por último, se formó un equipo de especialistas establecido en un laboratorio de la UAB y, cuando se aprobó claramente la constitución del Consorcio para la Construcción, Equipamiento y Explotación del Laboratorio de Luz de Sincrotrón en el dos mil tres, comenzó la construcción del ALBA en Cerdanyola del Vallès, cofinanciado por igual por las administraciones catalana y de España, a lo largo de los gobiernos de Montilla y Zapatero, respectivamente.

Las obras, que empezaron en el dos mil seis y acabaron 4 años después, supusieron una inversión de doscientos millones de euros. Mas, desde su puesta en marcha, los ejemplos de las investigaciones efectuadas en el ALBA son amplísimos y variados: el estudio de nuevos materiales para baterías y dispositivos electrónicos, análisis de medicamentos para enfermedades como la malaria, la hepatitis C, el cáncer o bien el Alzheimer, el diseño de catalizadores o bien el estudio para la conservación de pinturas románicas. Y otros ensayos que acoge van a sentar las bases de nuestro porvenir próximo en campos como la espintrónica o bien las fuentes opciones alternativas de energía.