12.5 C
Madrid
martes, 18 enero, 2022

Editorial | Veinte años del euro

Veinte años una vez que el euro reemplazara a múltiples divisas europeas, entre ellas la peseta, puede decirse que la nueva moneda ha recorrido por todos y cada uno de los estados de alegría y fatalismo lógicos en un experimento inusual, favorezco a vivir situaciones nuevas, mas que, en último término, ha afianzado mecanismos de colaboración y control imposibles si no se hubiera consumado la unión monetaria. Puede decirse asimismo que el experimento anterior del ecu hizo ineludible que en un medio plazo viera la luz el euro y, al favor de su existencia, se pusiesen en marcha activas de convergencia económica, de administración de la economía, que día tras día son más determinantes en campos como el control del gasto, la configuración de los presupuestos, el sistema bancario, la emisión de deuda y la fiscalidad. Todo ello remite a la existencia del euro y todo es el día de hoy diferente a como lo era hace 2 décadas.

La existencia del euro ha dado pie a 3 hechos singularmente reseñables: las consecutivas rectificaciones obligadas por diferentes crisis, de las que la más determinante fue la que reventó en dos mil ocho y que llevó a la nueva moneda a una situación límite; las operaciones de rescate que evitaron la quiebra flagrante de múltiples economías -Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre- y complejos bancarios (España), y la creación de fondos europeos financiados con recursos propios de la UE, de los que el programa ‘Next Generation’ es el más reciente y ambicioso. Claro que estas crisis dieron sitio a fallos y a resoluciones poco meditadas, como la imposición a rajatabla de políticas de parquedad que tuvieron un elevado costo social, mas al final se consiguió eludir la hecatombe que hubiera supuesto llevar contra las cuerdas la solvencia del euro.

Puede decirse que estos veinte años lo han sido en buena medida de aprendizaje forzoso a raíz de la carencia de precedentes o bien la lejanía de ciertos de ellos -los inconvenientes que prosiguieron a la creación del dólar-, a la imperiosa necesidad de acoplar economías con estructuras substancialmente diferentes y a la obligación de cohabitar dentro de la Unión Europea con las monedas de otros asociados que, por propia voluntad o bien por no reunir las condiciones demandadas por el euro, no se han integrado en él. Mas asimismo por el hecho de que un solo banco transmisor y una sola política monetaria, derivada en buena medida de la establecida por el Bundesbank, ha precisado de disciplina colectiva, con reglas nuevas y atajos clausurados, como por poner un ejemplo el recurso a la depreciación que tenían las monedas nacionales para tiempos de crisis.

De semejantes aprendizajes, con sus aciertos y fallos, ha surgido la impresión de que se han coagulado los cimientos del euro, y todavía han tenido sus gestores los reflejos precisos para corregir ciertos dogmas de los primeros años. Entre ellos, el enfriamiento de las primas de peligro a través de las compras masivas de deuda y la congelación ‘de facto’ de la tasa de interés, 2 posibilidades que parecían poco menos que insostenibles cuando el Banco Central Europeo echó a caminar. En cuanto al resto, está claro que queda todavía un largo recorrido por recorrer hasta el momento en que la aptitud del euro deje de ser tema de charla, mas es al tiempo un hecho cierto que han puesto sordina a sus críticas cuantos predijeron una existencia azarosa a la divisa europea en frente de la firmeza histórica de monedas como el dólar y la libra. Pero semeja que el euro se ha hecho con un espacio propio en la economía global.

ÚLTIMAS NOTICIAS

NOTICIAS RELACIONADAS

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here