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martes, 18 enero, 2022

El ‘boom’ del trabajo a distancia complica todavía más la desconexión digital en vacaciones

  • nueve de cada diez trabajadores reconoce que atiende mensajes de trabajo fuera del su horario laboral, conforme un reciente estudio de la UPF

Jordi hace más de un par de años que trabaja como analista de datos en una reputada empresa tecnológica, situada en el distrito del Poblenou de Barna. Estos días está de vacaciones, se dedica a ir a la playa, jugar al pádel con los amigos y en unos días va a coger un vuelo para distanciarse un tiempo de la capital catalana. A pesar de que hace ya una semana que ha bajado formalmente la tapa de su portátil y ha colgado el cartel de vacaciones, Jordi no puede eludir entrar en algún instante del día en el conjunto de Slack -una aplicación de mensajes- del trabajo para poder ver si hay novedades por la oficina, qué sucedió con ese usuario que deseaba mudar las condiciones del ‘partnership’ (la jerga anglo no puede faltar) o bien sencillamente fisgonear qué comentan los compañeros. De cuando en cuando asimismo abre el correo de la compañía, para examinar de qué manera engorda la lista de mensajes que entonces deberá borrar de forma masiva cuando se reincorpore a fines de agosto. «No puedo evitarlo. Sé que no debería, mas si no tengo la impresión de que me pierdo cosas y después cuando vuelva voy a hacer peor mi trabajo y no voy a llegar a todo», explica.

Jordi lo que tiene es un inconveniente de desconexión digital, que no es otra cosa que la incapacidad de dejar de atender cuestiones de trabajo fuera del horario laboral mediante los miles y complejos dispositivos electrónicos que se han transformado en una extensión de nuestro ser. Si este verano Jordi se reúne con un conjunto de diez amigos (no más, que las limitaciones covid no lo dejan) para tomar algo en una terraza, 9 de ellos va a sacar en algún instante de la velada su móvil para contestar un mensaje de trabajo. O bien una vez se despidan y estén preparando la cena, o bien jugando con sus hijos -si los tuvieren-, o bien por la mañana siguiente, poco antes de fichar mientras que se toman un café. De este modo lo comprueba un reciente informe de la UPF, que ha analizado los inconvenientes para separar la vida privada de la laboral y de qué forma la eclosión del trabajo a distancia a lo largo de la pandemia ha difuminado aún más esa fina línea en nuestras vidas.

“La hiperconectividad es el enorme orificio negro por el que se escapa el tiempo y la salud», advierte la directiva del Observatori de Lideratge en l’Empresa de la UPF y coautora del estudio, Sílvia Cóppulo. Su investigación, basada en una muestra de seiscientos diez trabajadores, deja otros datos alarmantes relacionados con la incapacidad de desconectar. El cincuenta y cuatro con tres por ciento de los trabajadores reconoce padecer fatiga digital y el cuarenta y uno con nueve por ciento acepta que no descansa bien por las noches. El apogeo del trabajo a distancia a lo largo de los primeros acompases de la pandemia, siendo esta la primera experiencia prolongada para miles y miles de personas en España, ha agravado adicciones que venían de ya antes. Y muchas de estas persisten aun una vez las personas ya han vuelto a la oficina. Por servirnos de un ejemplo, el setenta y ocho por ciento de los encuestados acepta que la primera cosa que hace al levantarse y lo último ya antes de ir a dormir es mirar el móvil.

Riesgo para la salud

Todo ello no es inocuo sobre mente y cuerpo. Depresión, agobio o bien obesidad son ciertas consecuencias a medio-largo plazo de esa hiperconectividad. “Muchas de las interactúes que ya antes teníamos de forma presencial y también informal ahora se han pasado a lo telemático. Lo que hace que día a día recibamos un montón de correos o bien whatsapps que ya antes no recibíamos. Y nos hemos habituado a eso. Al comienzo era algo que te facilitaba el trabajo, mas ahora se ha transformado en una intromisión terrible”, comenta el doctor en sicología y maestro de ciencias de la salud de la UOC, Antoni Baena.

En este sentido, Baena aconseja a las compañías estimular que, del mismo modo que ya antes los espacios privados y personales estaban separados, ahora asimismo lo estén digitalmente. O sea, un teléfono personal y otro para el trabajo, que puedas apagar en vacaciones. O bien una aplicación concreta para intercambiar mensajes profesionales, como un empleo racional de los canales de comunicación. “El e-mail no puede ser para cosas urgentes, pues eso te fuerza a estar pendiente todo el rato y no filtrar cosas que pueden esperar”, apunta.

Negociaciones pendientes

El derecho a la desconexión digital está reconocido en el Estatuto de los Trabajadores, mas del mismo modo que otros derechos -como el de la residencia- tiene más recorrido teorético que práctico. «Cada vez tendrá más estrellato», apunta el secretario general de Pimec, Josep Retama. “Es esencial negociarlo para eludir protocolos que no sean unilaterales y que ofrezcan garantías reales para limitar la jornada en el día tras día, a lo largo de las vacaciones e inclusive a lo largo de las bajas por incapacidad temporal”, apunta la secretaria de acción sindical de CCOO de Catalunya, Cristina Torre.

El inconveniente es que desde la pandemia la negociación está bloqueada y se están firmando pocos nuevos convenios. Al unísono que las cuestiones relativas a la desconexión no se hallan entre las prioridades pactadas en exactamente los mismos. «Debemos tener margen para negociar, mudar la legislación podría tener una efecto inhibidor y provocar el efecto opuesto al deseado», apunta Retama. «Es esencial que lo incorporemos en la lógica de la prevención de riesgos», agrega.

«Si no desconectas a lo largo de las vacaciones no son vacaciones, solo tienes la sensación que has bajado el ritmo. Mas no has llegado a parar. Y eso puede tener consecuencias peligrosísimas para la salud», alarma Baena. Todos y cada uno de los entrevistados para este documental reconocen que la desconexión digital está llamada a ser una cuestión poco a poco más prioritaria y también esencial en las compañías. Si bien hay que ponerse, puesto que no va a caer solo del cielo. Y no hacerlo tiene sus peligros. «El interrogante que nos deberíamos comenzar a hacer ya antes de mandar un correo electrónico o bien un whatsapp fuera de nuestra jornada de trabajo es la siguiente: está en llamas la compañía? Si no, aguárdate a mañana o bien al lunes«, apunta Cóppulo.

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