/El Estado da por perdida el noventa y dos por ciento de las ayudas a la Sareb
Jaime Echegoyen, presidente de la Sareb.

El Estado da por perdida el noventa y dos por ciento de las ayudas a la Sareb

La Sareb, el banco malo en el que se aparcaron los activos inmobiliarios tóxicos de las entidades de finanzas salvadas, va camino de transformarse en un negocio ruinoso para los impositores. El presidente del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), Jaime Ponce, ha aceptado este jueves en público por vez primera la «escasa recuperabilidad» de las ayudas aportadas a la compañía encabezada por Jaime Echegoyen. Conforme las cuentas del dos mil dieciocho que anunció hace algunos días, el fondo público solo estima reembolsables ciento sesenta y ocho millones de euros, con lo que da por perdido el noventa y dos,4 por ciento de los dos mil ciento noventa y dos millones aportados por el Estado, frente al setenta y cinco por ciento del dos mil diecisiete y el treinta y seis por ciento del dos mil dieciseis.

En un artículo incluido en la gaceta de estabilidad financiera que publica el Banco de España, Ponce ha argumentado que la evolución de la Sareb está «sosten a peligros muy significativos derivados del comportamiento del mercado inmobiliario, del ritmo de desinversión y de la capacidad de absorción de sus activos, todo ello en un contexto de gastos financieros y de estructura muy elevados. Las hipótesis de evolución de estos elementos son bastante difíciles de pronosticar en un plazo largo, como los 8 años sobrantes que tiene la Sareb. Sin embargo, es conveniente ser cautelosos y contablemente el FROB ya estima una escasa recuperabilidad de su inversión».

Las perspectivas de la Sareb se han estropeado de forma mareante. El banco malo, participado en un cuarenta y cinco con nueve por ciento por el Estado y el resto por entidades privadas (esencialmente bancos españoles), nació en el dos mil doce prometiendo una rentabilidad del catorce por ciento en sus quince años de vida. En el dos mil dieciseis, esta supuesta rentabilidad ya estaba más que olvidada, mas Ponce aseguró en el Congreso que preveía recobrar todas y cada una de las ayudas concedidas, dependiendo del plan de negocio de la sociedad. El pasado enero, en cambio, aceptó asimismo en la cámara baja que las actualizaciones anuales de tal plan apuntaban a una «cada vez menor restauración de fondos» públicos, si bien no llegó a dar prácticamente todo por perdido como sí ha hecho ahora.

Operación incierta

El pasado marzo, en un encuentro al que no se invitó a todos y cada uno de los medios a pesar de ser una entidad semipública, la Sareb anunció unas pérdidas de ochocientos setenta y ocho millones en el dos mil dieciocho, un cincuenta y cinco por ciento superiores a las de un año ya antes y los séptimos números colorados sucesivos desde su creación. «Trabajamos para hacer dinero, mas va a ser bastante difícil que lo hagamos. No estamos acá para eso, estamos acá para solucionar el inconveniente de origen», aseguró entonces su presidente.

En su artículo para el Banco de España, Ponce ha esgrimido que el traspaso de los activos tóxicos a la Sareb dejó al Estado no tener que inyectar otros mil trescientos millones a los bancos salvados. Teniendo presente que el FROB da por perdidos dos mil veinticuatro millones, la operación no habría resultado rentable para las arcas públicas. No obstante, ha expuesto otro argumento: el traspaso «saneó» los cómputos de las entidades «de modo tal que se recobró la confianza» del mercado en exactamente las mismas «y dejó a sus gestores recobrar la atención y los sacrificios en el negocio ordinario». El inconveniente es que ese efecto es prácticamente imposible de cuantificar.

Miedo a tener que poner más dinero

Como el FROB, los bancos y empresas que invirtieron en la Sareb a solicitud del entonces ministro de Economía Luis de Guindos dan prácticamente por perdida su inversión. En verdad, tendrán que brotar pérdidas en la valoración de su participación (por unos cuatrocientos cincuenta millones, conforme ‘El Confidencial’), como termina de hacer el fondo público. Su mayor preocupación es no tener que aportar más recursos. El presidente del banco malo, Jaime Echegoyen, reconoció hace un año que la Sareb no podría devolver todo el dinero a los accionistas, mas aseguró que de entrada tampoco les solicitaría más dinero, contra lo que teme la Comisión Europea. Su objetivo es asimismo repagar los treinta y seis.435 millones de euros en deuda avalada por el Estado que aún le quedan y no provocar por ese lado un quebranto mayor a las cuentas públicas del que se derive de no repagar las ayudas. El deterioro de la Sareb, no obstante, hace que solicitar más fondos no se descarte. «La Sociedad puede ver consumidos sus fondos propios a medio plazo, si bien en cualquier caso jamás a lo largo de los próximos 12 meses», ha aceptado en su última memoria.