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viernes, 17 septiembre, 2021

el mes en que el covid-diecinueve derrochó el verano de Catalunya

  • La variación delta y un exageradamente temprano alzamiento de limitaciones hicieron cerrar el ocio nocturno, imponer un toque de queda y temer por otro colapso sanitario

La quinta ola del covid-diecinueve no puede comprenderse sin la variación delta del coronavirus. Siendo hasta un sesenta por ciento más infecciosa que la su precursora (la alfa), la variación delta ha supuesto un punto de inflexión en la pandemia. Esta variación y un alzamiento exageradamente temprano de las limitaciones han hecho de julio un mes fatal, singularmente en Catalunya, que no ha bajado de una incidencia amontonada en los últimos catorce días de unos mil casos por cien habitantes.

Los centros de atención primaria (CAP) empezaron a estar sobresaturados a inicios de julio. Mas, en contraste a estas oleadas, las personas que llegaban a ellos con síntomas de covid-diecinueve o bien con sospecha de tener la enfermedad, eran jóvenes: personas de entre dieciocho a veintinueve años que no estaban vacunadas. Por vez primera en dieciseis meses, la pandemia empezó a ensañarse con los jóvenes.

La explosión de contagios, que llegó a ser equiparable con la de marzo de dos mil veinte, puso contra las cuerdas a unos CAP que debieron regresar a desprogramar actividad, si bien los primeros días la presión no llegaba a centros de salud ni ucis, ni tampoco aumentaba la mortalidad. Los CAP solicitaron ayuda a los centros de salud para hacer PCR y vacunar. El presidente del Col.legi Oficial de Metges de Barna (COMB), Jaume Padrós, llegó a decir en Twitter que, si no fuese por la vacuna, que evita la enfermedad grave, las autoridades deberían proponerse un confinamiento domiciliario.

Freno a la desescalada

Mas la cosa fue a peor. El seis de julio de dos mil veintiuno, Catalunya se vio obligada a pegar un brusco frenazo a la desescalada frente al fuerte ascenso del covid-diecinueve. Ese día la Generalitat dictaminó el cierre del interior del ocio nocturno en un inicio a lo largo de quince días. Mas hoy el ámbito prosigue cerrado. No obstante, sostuvo la celebración del Festival Cruïlla por el hecho de que era al aire libre. La Rt superaba entonces los tres puntos. A pesar de que la obligatoriedad de la mascarilla en el exterior es competencia estatal, Catalunya comenzó a aconsejar su empleo. «Proseguimos recomendando el empleo de la mascarilla asimismo en exterior, singularmente cuando no se puede guardar la distancia», defendía la subdirectora general de Coordinació i Gestió d’Emergències de Protecció Civil, Imma Solé.

La situación forzó a la Conselleria de Salut a mudar el protocolo contra el covid-diecinueve el ocho de julio: dejó de hacer PCR a los contactos asintomáticos, les solicitó que no asistieron al CAP y que se autoconfinaran. Mientras que, los megabrotes entre veinteañeros pusieron a Barna en la cabeza de la quinta ola a nivel europeo. Y, frente al descontrol de contagios en este colectivo, tomó más fuerza una preocupación médica que llevaba meses existiendo: el covid persistente. El ‘conseller’ Argimon advirtió en conferencia de prensa a los jóvenes que, a pesar de que pasasen una infección leve, podían desarrollar esta enfermedad para la que por el momento no hay cura. La padecen un diez por ciento de los inficionados de coronavirus.

Más limitaciones

Las limitaciones van a más. Prácticamente a mediados de julio el Govern dictamina el cierre de toda la actividad nocturna a las cero y treinta horas y también impone un toque de queda a la 1 de la madrugada. Hay tantos contagios entre jóvenes, que ciertos comienzan a enfermar grave. «El porcentaje de pacientes menores de cuarenta años en ucis, que ya antes era del cuatro por ciento , ahora ya es del veinticinco por ciento «, afirma Argimon. Días después, los test de antígenos llegan a las farmacias de toda España. La secretaria de Salut Pública de Catalunya, Carmen Cabezas, advierte de que la variación delta fuerza a subir la inmunidad de conjunto «a un ochenta y cinco por ciento o bien noventa por ciento «, no va a bastar con aquel setenta por ciento prometido en un inicio a fines de agosto. La presión del covid-diecinueve empieza a apreciarse ya en centros de salud y ucis, que superan los dos mil y quinientos pacientes ingresados respectivamente.

En la última semana de julio, la quinta ola toma un viso diferente. Empiezan a bajar los contagios entre jóvenes, como sus ingresos, y comienzan a subir entre las personas mayores. Son, esencialmente, personas de mediana de edad, de entre cuarenta y sesenta años, que no están vacunadas o bien que tienen solo una dosis. Y sube asimismo la mortalidad por covid-diecinueve, si bien no es equiparable con la de otras oleadas merced a la vacuna. «El setenta y tres por ciento de los ingresados en ucis por coronavirus desde el 1 de julio no están vacunados y a la mayor parte de ellos se les había ofrecido la vacuna», advierte Cabezas. Argimon pronostica que las ucis van a llegar a un pico de setecientos enfermos en el mes de agosto (este fin de semana, de manera previsible, se llegaría al pico de ingresos en centros de salud). Los contagios diarios llevan ya unos poquitos días bajando.

El veintinueve de julio, el ‘conseller’ de Salut reconoce su fallo de cálculo sobre esta quinta ola, que no vio venir, en el Parlament de Catalunya.

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