/El petróleo de Estados Unidos padece una caída histórica y se paga por vez primera a costes negativos
Campo de producción petrolífera en Estados Unidos.

El petróleo de Estados Unidos padece una caída histórica y se paga por vez primera a costes negativos

En la retina de finales del pasado siglo, las crisis del petróleo son una foto de colas agobiadas en frente de las estaciones de servicio, inflación disparada y estancamiento económico. El embargo de la OPEC en mil novecientos setenta y tres a múltiples países occidentales por su apoyo a Israel en la guerra del Yom Kippur puso en marcha la primera, mientras que el pavor generado por la Revolución Iraní en los mercados energéticos desató la segunda oleada en mil novecientos setenta y nueve. En las dos crisis el recorte de la oferta y el incremento súbito de los costos sirvieron como detonante, una activa que el coronavirus ha invertido totalmente.

En otra jornada para la historia negra de esta pandemia, el costo a futuro del West Texas (WTI), el barril de referencia en E.U., se cayó un trescientos seis por ciento para cerrar la jornada en negativo, algo que no había sucedido jamás.

Técnicamente eso quiere decir que los vendedores de petróleo están prestos a abonar para deshacerse de su oro negro. El planeta del revés. Los futuros pertinentes al mes de mayo del WTI cerraron la jornada a un coste negativo de treinta y siete y sesenta y tres dólares estadounidenses, un hundimiento sin precedentes desde el instante en que se puso en marcha su mercado de futuros en mil novecientos ochenta y tres. El motivo del fracaso radica en las contrariedades para guardar la sobreoferta de petróleo en E.U., acentuada por la parálisis económica que ha generado la epidemia. Con las carreteras prácticamente vacías y los vuelos comerciales con seriedad recortados, el exceso de crudo que arrastraba el mercado no ha hecho más que exacerbarse. Las refinerías, los tanques y las plataformas marinas están llenas. Cualquiera que sea capaz de hallar espacio, se va a hacer con completa seguridad millonario.

“El colapso es en buena medida un reflejo de que los inversores han extendido los contratos hasta junio. Absolutamente nadie desea hacerse cargo de la distribución pues la capacidad máxima de almacenaje está muy cerca de alcanzarse”, ha explicado a Market Watch, Edward Moya, analista de Oanda. El crudo que llega del Golfo Pérsico ni tan siquiera se está descargando por el hecho de que no hay donde guardarlo. La debacle arrastró a las bolsas estadounidenses, que volvieron a cerrar en números colorados. El barril de Brent, de referencia en Europa, está capeando mejor el temporal. Sus contratos para mayo cerraron el viernes a veintiocho dólares estadounidenses.

Los inversores confían, no obstante, en que la demanda se recobrará a media que avanza el año y se reabre poquito a poco la economía. Los contratos para el petróleo llamado a ser entregado en junio cerraron cerca de los veintiuno dólares estadounidenses, mientras que los de noviembre se pagaron a treinta y dos dólares americanos. Costos incluso sí muy distantes a los sesenta dólares estadounidenses que rondaba el West Texas antes que la pandemia tomara cuerpo.

La crisis del campo venía escribiéndose a ralentí desde principios de año, mas se ha acelerado de forma trágica. Hace apenas una semana Donald Trump consiguió persuadir a Rusia y Arabia Saudita a fin de que acabasen con su guerra por la cuota de mercado, un pacto que sirvió a fin de que la OPEC y el Conjunto de los veinte redujesen la oferta global de crudo, recortándola en noventa y siete millones de barriles diarios. Mas los analistas estiman que el recorte es muy deficiente. Las previsiones apuntan a que el consumo mundial de petróleo va a caer una tercera parte en el mes de abril.

El nuevo escenario ha obligado a los productores estadounidenses a cerrar pozos a marchas forzadas, poner en pausa sus planes de prospección y reducir gastos. Muchos de ellos precisan un costo de cincuenta dólares americanos el barril para ser viables. Los analistas pronostican quiebras en el campo y seguramente una nueva fase de consolidación, conforme los peces gorditos se comen a los pequeños, inútiles de subsistir con los costes actuales. El número de pozos activos en el país cayó una tercera parte el mes pasado, para situarse en la cantidad más baja desde el dos mil quince, conforme los datos de Baker Hughes.

Para los ecologistas, estas alteraciones en el mercado energético son una prueba más de la necesidad de deambular cara un modelo más sustentable. «La profunda caída experimentada el día de hoy por los costos del petróleo son un poderoso ejemplo de de qué forma los comburentes fósiles son demasiado volátiles para ser la base de una economía sólida», aseveró Breit Fleshman, directivo adjunto de 350.org.