/Exportadores españoles creen «brutal» el daño de los aranceles en Estados Unidos
La bodega Mas Rodó, en el Penedès.

Exportadores españoles creen «brutal» el daño de los aranceles en Estados Unidos

Se impusieron como represalia a los subsidios concedidos al gigante aeroespacial europeo Airbus, mas están mordiendo al campo exportador de España con una severidad que amenaza con dezmar la cuota de mercado tan afanosamente conquistada en U.S.A. por su ámbito agroalimentario. Prácticamente un par de meses una vez que entrasen en vigor los aranceles de la Administración Trump, la preocupación se ha apoderado de los productores españoles y las compañías que importan sus vinos, aceites de oliva o bien quesos desde el otro lado del Atlántico. La aplicación del impuesto aduanero del veinticinco por ciento ha comenzado a recortar márgenes, a obligar a los importadores a fijarse en otros mercados y a empujar a los productores a aceptar una parte del costo del arancel. Toda la cadena se ve perjudicada. Y es solo el principio.

“Para un importador como , que tenemos de todo, mas el vino de España es nuestro primordial producto, es un golpe muy importante”, asegura Joan Altés, un catalán establecido en la ciudad de Nueva York que lleva más de 2 décadas vendiendo vinos y licores de la Península en el mercado estadounidense. “La primordial cualidad del vino de España en el momento de competir es su calidad-coste, mas en el instante que le impones un impuesto del veinticinco por ciento su ventaja se desvanece. Hace perder mucho atrayente al producto”, agrega en una entrevista telefónica.

Su empresa, Vinaio Imports, proseguirá importando los vinos que mejor vende en el mercado estadounidense, si bien deba subirles el coste y bajen las ventas. Mas ha comenzado a descartar las marcas menos populares para sustituirlas por otras portuguesas o bien chilenas. “No cabe duda de que España perderá cuota de mercado. El daño es brutal”, afirma Altés. Como muchas de las cosas que hace la Administración Trump, los aranceles son bastante arbitrarios. No afectan al cava ni al resto de espumosos. Tampoco a los vinos de mayor graduación alcohólica, superior a los catorce grados, como muchos Ribera del Duero o bien Priorat. Los blancos, en cambio, desde el Albariño al Rueda o bien el xacolí, como muchos tintos de Rioja o bien Castilla-La Mácula están en el ojo del huracán.

A los dos lados de la cadena comercial se comienzan a ensayar fórmulas para hacer en frente de los aranceles. Ciertos productores españoles han bajado costos o bien han asumido una parte del costo del impuesto a fin de que el importador –que es la persona que lo paga en la aduana– no renuncie a traer sus productos. Ese gasto auxiliar ha obligado a recortar otras partidas, como el dinero que gastaban en marketing para fomentar sus marcas, una estrategia difícil en un largo plazo. Mas más peligrosa es la maniobra de las bodegas que superaban en unas décimas los catorce grados, mas jamás lo reflejaron pues el etiquetado del vino se hace en intervalos de 5 décimas. Ciertas cambian sus etiquetas para ahorrarse el arancel y, con esto, exponiéndose a confusas inspecciones en la frontera.

“A quien más dañan los aranceles es al productor de España pues tenemos opciones alternativas para seleccionar otros productos”, asevera Francisco Astudillo, un importador de aceite de oliva, vino o bien jamón de bellota establecido en Washington. Empresas como la suya, Spanish-American Wine Merchants (SAWM), tienen aún inventario, de tal modo que no apreciarán demasiado los aranceles hasta el año próximo. “Si esto se termina en el mes de junio, va a haber sido prácticamente una anécdota, mas si se alargan en el tiempo van a tener efectos muy negativos”.

Particularmente para los productores pequeños y medianos, como la Finca los Aljibes, con sede en Chinchilla (Albacete), que exporta eminentemente aceite de oliva y vino. Los dos productos son muy relevantes en la balanza comercial con EE UU. El aceite ocupó el cuarto sitio de las exportaciones españolas (cuatrocientos cinco millones de euros) en dos mil dieciocho, seguido por el vino (doscientos noventa y nueve millones). “De cara al año próximo nuestras ventas bajarán más del cincuenta por ciento y ya buscamos otros mercados”, afirma Manuel Lorenzo, dueño de Los Aljibes. Lorenzo lleva 3 quinquenios exportando a EE UU, uno de sus mejores destinos, mas asimismo el más bastante difícil. “Tienes que hacer las cosas realmente bien, viajar mucho y llevar un producto impecable. Perderlo de un día para otro sería muy lamentable”.

De momento ha admitido compartir los costos del arancel con el importador a fin de que el costo de sus productos no se dispare en el mercado, mas no sabe cuánto va a poder soportar. “No es sustentable a largo plazo”, confiesa Lorenzo. Esa activa ha obligado a bajar los márgenes en los 2 extremos de la cadena. Y ha puesto en riesgo la aptitud de ciertos importadores, que deben abonar un veinticinco por ciento más por sus contenedores. “Los importadores más pequeños tendrán que cerrar”, asegura Aurelio Cabestrero, que vende solamente vinos españoles en treinta estados por medio de Engrapes of Spain, su empresa importadora. “Esto afecta al ‘cash flow’ y las compañías que no tengan liquidez se irán fuera del negocio”.

De momento la fortaleza del dólar está favoreciendo a los importadores y ayudando a amortiguar el impacto de los aranceles, conforme la presidente de Wines From Spain, Katrin Naelapaa, el organismo dependiente del ICEX que fomenta los caldos nacionales en EE UU. Naelapaa asegura que aún no hay datos para medir el impacto real de los aranceles, mas no es optimista. “Nuestro mayor miedo es que España pierda cuota de mercado. Hay mucha preocupación y, personalmente, no creo que se vaya a solventar pronto».