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viernes, 17 septiembre, 2021

«Fue espantoso, absolutamente nadie lo vio venir»

  • Una de las pasajeras que viajaba en el ‘San Gwann’ cuando chocó contra el islote de es Malvins, Erika Peñalba, de diecinueve años, narra de qué manera vivió el accidente marítimo, el caos que se desató tras el siniestro y de qué forma fue la operación de evacuación

Erika Peñalba aún le dura el susto tras lo que vivió en la noche del pasado sábado. «Fue espantoso, ninguno lo vimos venir», asevera esta joven de diecinueve años que viajaba al lado de otros treinta y cuatro pasajeros y 12 tripulantes a bordo del ferri San Gwann, de la naviera FRS, que chocó contra el islote de es Malvins. Narra la horrible experiencia por teléfono, desde la casa de sus progenitores en Ibiza. Se halla allá tras darle de alta en la Policlínica Nuestra Señora del Rosario, a donde la trasladaron en ambulancia una vez que un médico la revisase en exactamente el mismo muelle comercial de Ibiza. «Tengo un latigazo cervical y me han puesto un collarín que deberé llevar diez días, aparte de algún morado», explica siendo consciente de que fue, en la medida de las posibilidades, agraciada.

Exactamente el mismo sábado, tras volar de Mallorca a Ibiza, Peñalba se dirigió al puerto para coger el ferri de las veintiuno y treinta horas de FRS cara Formentera, donde radica y trabaja. La embarcación partió 5 minutos después. Jamás ya antes había viajado con esta naviera. «Me pacto que escribí a mi pareja para decirle que el San Gwann era un lujo de barco». Subió a la planta superior y se sentó en la primera fila de asientos de la izquierda en la proa. No tenía a absolutamente nadie al lado.

A las veintiuno y cuarenta horas, cuando justo había salido la embarcación del puerto y observaba las vistas de Dalt Vila, le llamó la atención la velocidad que tomaban. «Se lo comenté en un mensaje a mi pareja. Iba un tanto más veloz de lo normal respecto a lo que estaba habituada con otros ferris», apunta. «A los 5 minutos, pumba. Escuchamos un golpe seco tal y como si hubiésemos chocado contra otra embarcación. Me quedé en shock», recuerda. Con la fuerza de la colisión, afirma, salió volando, primero impulsada cara delante y después cara atrás. «Me clavé la mesa en el estómago y después me comí toda la pared», especifica. A su alrededor «todo era un caos, chillidos, lloros, gente por el suelo con heridas de los cristales que se habían roto…». A su derecha vio a un trabajador que se había abierto la cabeza. La escena le impactó.

«Socorrí al pequeño más grave»

Tras ponerse el chaleco salvavidas que tenía bajo el asiento, se levantó y se asomó a la cubierta, estaba llena de sangre. Vio entonces a un pequeño herido en el suelo. Era el menor de diez años que fue evacuado en helicóptero en estado grave y que se halla en la UCI de Pediatría del centro de salud de Son Espases, en Mallorca. Peñalba tiene un cursillo de primeros auxilios y no lo vaciló, trató de auxiliarle junto a múltiples miembros de la tripulación. «Intenté que me hablara, que me escuchase a fin de que no se quedase inconsciente. Había perdido mucha sangre y su respiración era muy enclenque, mas estuvo en todo instante consciente», asevera. «Conseguimos taparle la herida, y tratamos asimismo de aliviar a la familia», agrega.

Comportamiento modélico

La joven resalta el comportamiento modélico de toda la tripulación, que se volcaron con los pasajeros. «Aunque muchos de ellos estaban heridos se preocuparon ya antes de cuidar de nosotros que de curarse a ellos. Nos asistieron, nos calmaron y nos dieron agua y comida», asegura. Eso sí, explica que absolutamente nadie de la compañía tras el accidente les dio explicaciones de lo que había ocurrido. A las veintidos y cuarenta y cinco horas el helicóptero Helimer doscientos cinco evacuó al menor más grave. A las veintitres y treinta horas llegó la lancha de Salvamento Marítimo que trasladó primero a todos y cada uno de los pasajeros que podían caminar por su pie, entre ellos Erika Peñalba. Llegó a puerto a las veintitres y cuarenta. Le dieron mantas y agua. Un tanto después pudo ver a lo largo de unos minutos a sus progenitores, que viven en Ibiza y que se habían acercado al muelle comercial para poder ver de qué forma se hallaba su hija. «La compañía nos ofreció recorrido y alojamiento en el hotel Don Carlos, mas preferí ir a casa de mi familia», apunta. A las uno y treinta horas Erika Peñalba fue trasladada en ambulancia a la Policlínica Nuestra Señora del Rosario al lado de otros 6 heridos, los más leves.

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