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domingo, 18 abril, 2021

La atención sociosanitaria firma con nombre de mujer

Hace justo un año, un día como el día de hoy, ocho de Marzo, y a pesar de que las noticias de la crisis sanitaria que se aproximaba eran poco a poco más próximas, pocos atisbaban el vuelco que iban a dar nuestras vidas en algo más de una semana con el confinamiento. Tampoco en centros de salud, viviendas de mayores y centros de atención sociosanitaria, que en escasos días se transformarían en los primordiales focos de la lucha activa frente al Covid.

Nada debe ver su forma de trabajar con la de hace un año. Bien lo saben en el Centro Hospitalario Benito Menni de Valladolid, que a su atención en salud mental, psicogeriatría, cuidados paliativos y convalecencia física y neurológica sumaba en dos mil veinte una unidad vanguardista en rehabilitación de personas con secuelas del virus. Las «barreras físicas» y medidas de seguridad que se ven forzados a adoptar para eludir contagios y la necesidad de sostener distanciadas físicamente a las familias de sus pacientes, ya antes pilar esencial para su restauración, han hecho todavía más si cabe preciso el vuelco de sus profesionales.

Más de un ochenta por ciento de la plantilla de este centro perteneciente a las Hermanas Hospitalarias es personal femenino y es un claro ejemplo de que en España la atención sociosanitaria en el año del Covid ha llevado nombre de mujer. Stephanie Escobar, doctora; Isabel de la Cuenta, farmacéutica; Yolanda Martínez, recepcionista, y Ariadna Zurro, fisioterapeuta, son 4 de sus trabajadoras. A ellas le preguntamos por las razones del peso «femenino» en ese campo ¿es cuestión de destrezas o bien pesan otros factores? «De forma tradicional la mujer siempre y en toda circunstancia ha tenido un papel esencial en la atención sanitaria. Primero en la Enfermería y después fue ganando presencia en la Medicina», recuerda en este sentido Yolanda. Para Ariadna, es más una cuestión «coyuntural», al tiempo que la doctora Escobar piensa que sí hay determinados factores «psicológicos y emocionales» que predisponen a la mujer a agacharse por esta clase de empleo.

A pesar de la disparidad de creencias son conscientes que en el centro en el que trabajan es una «rara avis», entre otras muchas cosas, por el hecho de que tampoco en su campo «hay tanta presencia femenina en cargos directivos» como sí ocurre en el Benito Menni. Asimismo por el reconocimiento de su trabajo, puesto que estiman que en determinados perfiles no siempre y en todo momento es de esta manera.

Estos últimos 12 meses han sido realmente difíciles en el centro de salud, mas Zurro considera que transcurrido el tiempo han sabido reconducir satisfactoriamente esa «presión» inicial y convertirla en «responsabilidad y precaución». Se ha reforzado el trabajo en equipo: «Hemos aprendido a hablarnos con la mirada en instantes de crisis», agrega Isabel de la Cuenta, que recuerda que hubo instantes en que «todos precisábamos de todos». De aquellos anárquicos meses de primavera, a lo largo de la primera ola del virus, Yolanda recuerda que «éramos unas máquinas de la limpieza».

Sin embargo, y a pesar de procurar con gracietas eliminar hierro al tema, confiesan que llegaban todos y cada uno de los días con temor a casa. Ha pasado el tiempo y la perspectiva no es exactamente la misma. Ahora se reconocen «afortunadas» por estar participando desde el comienzo en «la lucha activa contra la pandemia». «Volvías con los tuyos y te sentías desarrollada, con la satisfacción de que habías hecho un buen trabajo», agrega De la Cuenta.

A pesar de su papel esencial en el Benito Menni, las 4 coinciden en cuestionar que la pandemia tenga el impacto de género del que ha alertado la Organización de la Naciones Unidas. Por lo menos no lo ven en su caso, «porque sí que es cierto que ha habido una sobrecarga laboral, mas para todos». En especial, pues por más que lo procuran, «es bastante difícil no crear un vínculo sensible con los pacientes y sus familias», reconoce Stephanie, y más en las situaciones «dramáticas» que han vivido, con enfermos en «absoluta soledad». Instantes del que piensan que se han repuesto merced al apoyo de su ambiente familiar.

Esta doctora estima que en su campo aún hay escollos que salvar si bien en los últimos tiempos la progresiva feminización de la Medicina ha ido en incremento -un setenta por ciento de las nuevas matrículas este curso corresponde a mujeres-. Lo opina asimismo su compañera fisioterapeuta, que ve discriminación en campos como la investigación y la dirección, de la que asimismo adolecen en ocasiones estos centros si bien no sea su caso.

De ahí que ven esencial la data de el día de hoy, Día Internacional de la Mujer, mas en clave «simbólica» pues ese «subir peldaños» se debe trabajar día a día: «Hay diferencias biológicas insuperables -como la maternidad- que la sociedad no debería percibir como una desventaja de la mujer sino más bien como un enriquecimiento». Para esto, agrega Ariadna, «hay que insistir en el tema educativo». Ellas de momento proseguirán enfrascadas en su «lucha activa» contra el virus. Ahora, con la llegada de la vacuna ven el futuro con más «esperanza». «¿Mi mayor deSeo?», confiesa Isabel, «poder sentarme a comer con mis progenitores. No lo puedo hacer desde hace un año».

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