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La economía en la UCI

La economía en la UCI

La actual situación se rige por una inseguridad incesante de la que apenas tenemos noticias. Algo similar a lo que pasa en Dark (Netflix), esa serie alemana tan de tendencia en la que el «eterno retorno» de la filosofía de Nietzsche captura en un bucle infinito a sus personajes. Exactamente, se trata de eludir esto último. Un hipotético rebrote, con todo cuanto acarrea, sería catastrófico para el devenir del país.

Conforme los datos con los que trabaja la Organización para la Colaboración y el Desarrollo Económico (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), España sería la nación más perjudicado del G-20 frente a un rebrote. Los datos charlan por sí solos; bajada del Producto Interior Bruto del catorce con cuatro por ciento ; desempleo ambiente al veinte por ciento ; la deuda pública se dispararía, todavía más, hasta el ciento veintinueve con cinco por ciento .

Desgraciadamente, tenemos todos y cada uno de los ingredientes a fin de que la Covid-diecinueve nos vapulee. La economía ha empeorado gravemente su salud y ya se halla ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de los gobiernos. En cualquier instante puede entrar en «coma» al estar basada en el turismo, primordial perjudicado de la pandemia; la industria vive en una buena parte del ámbito automovilístico, el que asimismo ha recibido un severo zarpazo; el campo servicios no está en su mejor instante y el trabajo a distancia nos ha cogido de improviso.

Para poder «reanimar» la economía, y regresar lo antes posible a la normalidad, se antoja indispensable que a nivel del mundo se provoque un «coma inducido» a la economía al objeto de estimular la inversión de las compañías, sostener el uso y la actividad tanto como resulte posible, apostar por políticas fiscales expansivas y reinventar la nueva globalización, donde la digitalización y el los pies en el suelo de los gobernantes serán las «vacunas» primordiales para curar la economía y salvar a la sociedad de un declive generacional.

Mas para pasar a la acción en el plano económico precisamos que, como sociedad, demos un paso al frente. Los ciudadanos debemos probar que no dejaremos todo a cargo de la fortuna. Caer nuevamente va a ser, primordialmente, culpa nuestra. Las personas irresponsables que provocan los rebrotes de la Covid-diecinueve deben ser castigadas seriamente por la autoridad eficiente, puesto que no solo son causantes de un enorme peligro en cuestión de salud para la ciudadanía, sino asimismo se presentan como los primordiales culpables del cierre de establecimientos, provocando la quiebra económica de muchas familias.

Por otra parte, nuestros políticos deben servir de ejemplo de unidad, y sacrificio, mas sobre todo de parquedad. La busca de soluciones acertadas, y con los pies en el suelo, debe ser el único fin en estos instantes de crisis. Llegan instantes definitivos, puesto que el verano llega a su ocaso, para siniestro de la actividad nocturna, donde las terrazas habían dado vida a la hostelería, y la vuelta al «cole» es ya una realidad. Hay que atinar con las medidas no ya de reactivación, sino más bien de prevención. En estas datas nos jugamos mucho y, ya hemos visto, que el maldito coronavirus no comprende de edades ni condiciones.

En suma, resulta capital que la plan de actuación esté marcada para los posibles escenarios. Cada uno de ellos es responsable no solo de sí, sino más bien de su familia, amigos y allegados. Respetar las distancias, llevar mascarilla, cumplir las reglas y preocuparnos del prójimo van a ser elementos esenciales para salir lo antes posible de esta pesadilla, que ha enfermado tanto a los ciudadanos como a la economía global.

**Juan Carlos De Margarida Sanz es Decano-Presidende del Instituto Profesional de Economistas de Valladolid