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lunes, 16 mayo, 2022

La guerra de Ucrania abre el discute sobre las interconexiones energéticas internacionales

La guerra de Ucrania ha reabierto el discute sobre las interconexiones internacionales, el conjunto de infraestructuras que dejan el intercambio de energía entre países vecinos. Entre sus bondades: progresar la seguridad de suministro al facilitar el apoyo entre sistemas e impulsar los intercambios comerciales que llevan a costes más económicos. En el caso de España y su conexión con Francia, y en consecuencia, con el resto de Europa, la necesidad de reducir la dependencia del gas ruso y la gran capacidad de regasificación de gas natural licuefactado (GNL) de este país han centrado el tono mediático en impulsar sus conexiones de gas, si bien el Gobierno y la Comisión Europea ponen el acento en los intercambios de electricidad.

Para hacerse una idea, Europa importa de Rusia unos ciento cincuenta millones de metros cúbicos anuales. España tiene 6 regasificadoras (una tercera parte del total de la UE) que dejarían traer hasta sesenta millones de metros cúbicos de GNL por navío desde USA o cualquier otro país y transformarlo en material gaSeoso para mandarlo (unos veinte millones de metros cúbicos, tras quitar la parte para uso propio y de Portugal) por cilindro al resto de continente. Mas falla el último peldaño de este proceso, puesto que los dos conductos que en la actualidad hay entre Francia y España (Larrau–Alçay y el Irún–Biriatou) tienen capacidad limitada para siete mil millones de metros cúbicos.

“Europa debe buscar una independencia energética de Rusia. Y el proyecto más viable y viable es la construcción del gaseoducto Midcat», ha insistido en múltiples ocasiones la patronal catalana Foment del Treball, defensora de este proyecto nonato de principios de los años dos mil que suponía la primera parte (la unión entre Francia y España) de un cilindro más extenso hasta el centro de Europa para duplicar la capacidad de interconexión y que no salió adelante por el bajo interés comercial y los altos costos. “Esto pondría a España como el país sobre el que pivota una de las tomas de resoluciones más esenciales de la UE en estos momentos”, defiende el parlamentario europeo José Ramón Bauzá (Ciudadanos).

Desde el Gobierno ponen 3 condiciones para reactivar este gaseoducto, valorado en tres mil millones de euros: que no sea financiado por los usuarios españoles; que esté habilitado para transportar biogás y otros gases renovables, como el hidrógeno verde, y que se realice en coordinación con Francia, entre otras muchas cosas por el hecho de que actualmente no hay canalización de gas desde los Pirineos hasta el núcleo de gaseoductos centroeuropeos, por lo que reactivar solo la conexión entre España y Francia no resolvería la situación, conforme defienden.

Una forma de financiarlo sería mediante Europa. La Comisión Europea se pronunciará en un par de semanas en el llamado plan Repower EU, la plan de actuación del continente para substituir el gas ruso. Si bien la comisaria de energía, Kadri Simson, enfrió esta semana esta posibilidad al asegurar que ya hay “distintos gaseoductos financiados con fondos de la UE que pueden asistir a los estados miembros a fin de que terminen con las importaciones de gas ruso” y agregar que Bruselas va a dar prioridad a las renovables “cuando se pueda mudar el gas por las renovables por el hecho de que eso reduce las importaciones». “Hay que rememorar cuáles son nuestros objetivos para dos mil treinta y 2040”, aseveró Simson a lo largo de una sesión plenaria del Parlamento Europeo al ser preguntada por esta interconexión.

Ya antes de fin de año

«Lo del gas es una emergencia y si bien al comienzo uno mira a lo que tiene más cerca, es posible que con el tiempo se renueven soluciones como las plantas de gas natural licuefactado flotantes o la reducción de las necesidades de gas para la economía. Mientras que, las interconexiones eléctricas tienen sentido estructural por el hecho de que dejará integrar mejor las renovables», explica el directivo general de Transición Energética de la Comunitat Valenciana, Pedro Fresco.

La Comisión Europea aconsejó en dos mil dos que todos y cada uno de los países miembros tuviesen en dos mil veinte una interconexión eléctrica de cuando menos el diez por ciento de su capacidad instalada de producción eléctrica. Esa meta se examinó en dos mil catorce y se elevó hasta el quince por ciento para dos mil treinta. Mas a día de hoy, España cuenta con solo 5 links eléctricos con Francia que suman un total de dos mil ochocientos megavatios de potencia y suponen el dos con ocho por ciento del total de la capacidad energética del país (cien megavatios).

El Plan Nacional Integrado de Energía y Tiempo (PNIEC), que marca el camino de España a dos mil treinta no incluye gaseoductos y sí la construcción de dos nuevas interconexiones eléctricas mediante los Pirineos (una por Navarra y otra por Aragón), aparte de proyecto de línea submarina por el Golfo de Vizcaya que sumarían unos cinco mil megavatios. Y en un caso así el Gobierno sí solicita celeridad: “Estas dos interconexiones deben contar con un proyecto serio y solvente ya antes de fin de año”, aseguraba la vicepresidenta Ribera hace unas semanas. El miércoles, a lo largo de su intervención en el Cercle d’Economía, agregó que Francia que siempre y en toda circunstancia había sido reluctante, había alterado de parecer tras tener que importar energía al tener a lo largo de múltiples días el cincuenta por ciento del parque nuclear parado.

“No es un discute simple por el hecho de que cada país tiene una realidad energética condicionada por su energía y el gobierno que tiene en todos y cada instante que no hace de la energía una cuestión de estado sino más bien una cuestión ideológica”, explica el maestro de la Universidad de Barna, Mariano Marzo.

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