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La necesidad de acuerdo

La necesidad de acuerdo

Hace apenas unos días conocíamos los datos del paro. Datos absolutamente previsibles debido al parón completo de la actividad económica que venimos padeciendo a lo largo de mediados de marzo. Los datos confirman que en Castilla y

León los desempleados superan los ciento sesenta y seis mil, sin añadir, claro está, los más de ciento sesenta trabajadores que se hallan en una situación de regulación temporal de empleo (ERTE).

Frente a una situación de inseguridad extendida provocada por la situación inusual en la que nos hallamos inmersos, parece que desde el Gobierno se pretende que los ERTE, y sus consecuencias derivadas, estén solamente ligadas a la prórroga del Estado de Alarma, lo que es absolutamente incoherente puesto que estos instrumentos de regulación laboral deben sostenerse alén de las posibles prórrogas existentes al objeto de estabilizar los cimientos del empleo, puesto que la restauración será lenta y la capacidad de producción será inferior a la que se venía sosteniendo hasta la aparición de la Covid-diecinueve.

Al respecto, cuando la actividad empresarial comience a reactivarse, es indispensable poner en funcionamiento el motor que va a hacer que aumente la producción hasta lograr los niveles existentes precedentes a la pandemia: el consumo de los ciudadanos. Si no hay consumo por la parte de las familias, la producción se va a ver limitadísima y va a ser la causa de posibles despidos de trabajadores. Para esto es esencial producir confianza en el consumidor, algo que se conseguirá si el Estado y la realidad existente en el día tras día proyectan una imagen de garantía en materia sanitaria y de control de la pandemia.

Lo cierto es que los ERTE a la fuerza mayor han sido determinantes para la estabilización del empleo, en tanto que PyMes y autónomos tenían el arduo problema de una minoración total de las ventas así como la transformación de los pequeños beneficios que venían consiguiendo en grandes pérdidas, lo que hace peligrar el mantenimiento de la compañía. El ERTE, por lo tanto, ha tolerado inmovilizar la sangría de despidos que se podrían haber producido. De ahí la relevancia de continuar sosteniendo su vigencia alén de posibles prórrogas del Estado de Alarma, pues si desaparecen se generaría un inconveniente de consecuencias económicas y sociales impredecibles. Sin embargo, los ERTE no se pueden sostener para toda la vida, pues son una herramienta inusual que acarrean un elevado costo para el Estado. Dada esta situación existen 2 plazos claves para el impulso de la reactivación económica del país: el verano y las navidades. El periodo estival está cada días un poco más cerca y es desde ese instante donde debe ir normalizándose la actividad económica y social de España cobrando una singular relevancia el turismo nacional.

Nuestra zona depende en buena medida del turismo rural, lo que debe fortalecerse. Este verano será uno de los ámbitos estrella. La realidad es que el campo rural presenta una situación considerablemente más segura en frente de la Covid-diecinueve que en las grandes ciudades al considerarse zonas que no han tenido, o bien por lo menos en menor medida, contagios. Al respecto, en Castilla y León se cumplen las condiciones, mínimas y precisas, para reactivar el turismo rural, pudiendo continuar prestando los servicios que se hallan ligados a la zona, como son la restauración, el ocio y la gastronomía.

Solo con el acuerdo, y la determinación de todos y cada uno de los actores intervinientes, vamos a ser capaces de reactivar el consumo de los hogares, la actividad empresarial y el mantenimiento del estado del bienestar, garantizando que los ciudadanos puedan vivir, con el ahínco de su trabajo toda vez que lo haya, de la mejor manera posible y con la máxima calidad de vida, consiguiendo crear las bases mínimas que consigan un futuro social, económico y sanitario mejor para las nuevas generaciones.

*Juan Carlos de Margarida es el decano presidente del Instituto de Economistas de Valladolid