/Las autoridades ponen bajo lupa al campo de los fondos
El vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, en un reciente acto del Foro Nueva Economía en Madrid.

Las autoridades ponen bajo lupa al campo de los fondos

La Gran Recesión ha sido una crisis sistémica y global que ha perjudicado a lo largo de años tanto a las finanzas públicas como a empresas privadas de todo género y cuyos efectos aún sufren los ciudadanos. El pistoletazo de salida, en todo caso, fue muy concreto: a inicios de agosto del dos mil siete, la entidad estadounidense Bear Stearns y la francesa BNP Paribas suspendieron la posibilidad de que los inversores recobrasen el dinero que tenían depositado en múltiples fondos de inversión a consecuencia de la debacle de las hipotecas ‘subprime’. La situación ha alterado enormemente y no se sabe de dónde va a venir la próxima crisis, mas más de una década después el campo de la administración de activos está de nuevo bajo la lupa de las autoridades financieras internacionales.

El vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, acertó a resumir hace unas semanas en la capital de España la visión de los organismos supervisores mundiales: «No deseo ser alarmista, mas obviamente en estos instantes el primordial peligro que examinamos desde la perspectiva de la vulnerabilidad del ámbito financiero procede no tanto de la situación del ámbito bancario como de la situación del ámbito de administración de carteras y de los fondos de inversión». En una línea afín se han manifestado en los últimos meses instituciones públicas como el FMI (Fondo Monetario Internacional), el Banco de Pagos Internacionales de Basilea (banco central de los bancos centrales), el Consejo de Estabilidad Financiera (creado en el dos mil nueve por el G-20) o bien la Junta Europea de Peligro Sistémico (natural de el dos mil diez).

El exministro aceptó que la «potencial fuente de inestabilidad» que supone el campo de la administración de activos es «consecuencia del ambiente» de bajos tipos de interés impulsado por bancos centrales como el propio BCE para frenar la desaceleración. Esta situación, expuso, lleva a los gestores a buscar «activos con una rentabilidad superior, mas asimismo con peligro superior» y a endeudarse para adquirir dichos activos. Ello produce un «peligro de liquidez doble»: en una situación de mercado bastante difícil «sería complicado» que puedan vender los activos para atender los reembolsos que les pidan los inversores, y además de esto podrían verse inútiles de elevar las garantías que deben dar a cambio del endeudamiento en que han incurrido.

Ámbito en desarrollo

Guindos apuntó, además de esto, «otro tema esencial». Los bancos, expuso, registran un nivel de capital y de liquidez superior al de ya antes de la crisis merced a que cuentan con un supervisor «muy próximo», que además de esto es un prestamista de última instancia en casos de un cierre de los mercados: el propio BCE. En el campo de los fondos no sucede de esta manera. Los organismos que inspeccionan a las entidades de administración de activos «no tienen exactamente la misma capacidad de análisis», aseguró en referencia a instituciones como la de España Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y la comunitaria Autoridad Europea de Valores y Mercados.

El inconveniente de fondo es que el campo financiero no bancario -que reúne diferentes géneros de fondos de inversión, mas asimismo otras entidades como las compañías aseguradoras, los fondos de pensiones o bien las financieras de recursos de consumo- es más relevante que jamás, tras haber disparado su tamaño en los últimos tiempos. Conforme el BCE, sus activos han crecido desde los veintitres billones de euros del dos mil ocho hasta los cuarenta y seis billones al cierre del pasado junio, con lo que tiene el cincuenta y seis por ciento del total de activos del sistema de finanzas europeo. Es positivo por el hecho de que diversifica las fuentes de financiación para las compañías, mas asimismo supone peligros tanto para los clientes del servicio para la economía en conjunto.

En España, estas entidades de finanzas no bancarias tienen un volumen de activos próximo a uno con tres billones de euros, en torno a un treinta y tres por ciento del total del campo financiero del país. De esta cantidad, doscientos ochenta y cuatro mil millones de euros, un seis con tres por ciento del total, se corresponde con empresas que efectúan actividades de intermediación financiera no bancaria, lo que hasta hace un tiempo se conocía como ‘banca en la sombra’.

La CNMV calma sobre la situación de España mas solicita más herramientas

En España, la CNMV ha lanzado un mensaje tranquilizador. Hace unas semanas, aseguró que ámbito de la intermediación financiera no bancaria (que coincide en una gran parte mas no plenamente con el de la administración de activos) «en general no representa una amenaza relevante para la estabilidad financiera». Particularmente, apuntó que el peligro de iliquidez de los fondos de inversión, «que está provocando una cierta preocupación en los últimos tiempos debido a la posibilidad de que en instantes de turbulencias ciertas de estas instituciones pudiesen verse en contrariedades para encarar reembolsos significativos», se sostiene en niveles «moderados en una tendencia ligeramente alcista» y es objeto de una «atención singular» por la parte del organismo.

Con todo, la vicepresidenta de la CNMV, Ana Martínez-Pina, aceptaba en un reciente artículo para el Banco de España que la «predisposición de herramientas que dejen atenuar y, en su caso, reducir los peligros asociados» al ámbito «resulta esencial tanto desde cierto punto de vista microprudencial como con relación a el diseño de una política macroprudencial». En exactamente la misma línea se ha pronunciado el vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, que ha alertado de «potenciales orificios» en la regulación y de la necesidad de avanzar en un marco macroprudencial del ámbito financiero no bancario que está «aún en su niñez».