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domingo, 9 mayo, 2021

Las trans denuncian trabas para acceder a sus tratamientos hormonales en España

  • El colectivo, con un paro del ochenta por ciento , clama contra el desabastecimiento de los estrógenos financiados por la Seguridad Social y la carencia de implicación de las administraciones de España y catalana

«Me dan la dicha de verme bien conmigo misma». De esta forma explica Sandra Fernández, mujer trans de cuarenta y ocho años, la relevancia de las hormonas que toma una gran parte de este colectivo. Hace unos un par de meses que en las farmacias de toda España hay desabastecimiento de los 6 tratamientos hormonales financiados por el Estado que las mujeres trans precisan para su proceso. Se trata de una medicación crónica cuya falta o bien discontinuidad puede comportar serios problemas médicos tanto física como sicológica. «Una transición de género se hace para ser más feliz -insiste Fernández para insistir en la necesidad de estos tratamientos-. La primera vez que me miré al espéculo tras comenzar a hormonarme, al fin me reconocí a mí». Eso fue hace 5 años, tras una vida sin resolverse a dar el paso.

En España, hay 6 tratamientos con valerato de estradiol (un género de estrógeno) financiados por la Seguridad Social, de los que no hay ‘stock’: Climodien comprimidos, Climen comprimidos, Progyluton comprimidos, Perifem veintiuno comprimidos, Lenzzeto aerosol y Activelle veintiocho comprimidos. Eso desea decir que las mujeres trans que deseen proseguir hormonándose (unas mil quinientos cincuenta en Catalunya) deben recurrir a otro género de tratamientos con valerato de estradiol no financiados por el Estado. Mas una gran parte del colectivo padece una honda precariedad. «Entre las mujeres trans hay un ochenta por ciento de paro. Para muchas se trata de comer o bien hormonarse», demanda Fernández.

Las mujeres trans toman una media de 3 pastillas al día. Una caja que dura una semana cuesta veinte euros. No todo el planeta puede pagarlo

Lina Mulero, portavoz de la plataforma Convierte la Salut (que trabaja por un nuevo modelo de atención a la salud del colectivo), explica que las mujeres trans toman «una media de 3 pastillas al día». «Una caja que dura una semana nos cuesta veinte euros. Y precisamos 4 por mes, que son ochenta euros», afirma. No todo el planeta puede pagarlo. Conque muchas de estas mujeres se recurren a una última alternativa: la ingesta de pastillas anticonceptivas con etinilestradiol (otro estrógeno derivado del estradiol) que sí están financiadas por la Seguridad Social. Problema: estos preparados tienen un peligro de trombosis venosa superior a los del valerato de estradiol y asimismo aumentan los peligros de padecer enfermedades cardiovasculares o bien cáncer de mama. «Es cierto que los anticonceptivos aportan estrógenos, mas los peligros son considerablemente más altos», se lamenta Mulero.

Mas, además de esto, hay otro inconveniente no menor: «Como estas mil quinientos cincuenta mujeres pasen a tomar anticonceptivos en dosis que son bastante superiores a las que toman las mujeres cisgénero [aquellas cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer], probablemente asimismo haya desabastecimiento de anticonceptivos en un instante dado», advierte Rosa Almirall, ginecóloga de la Unitat Trànsit (un servicio de atención para personas trans) del Institut Català de la Salut (ICS).

El olvido de la Administración

Conforme el colectivo, se trata de algo que ocurre frecuentemente. «Siempre y en toda circunstancia ha habido escasez de estos estrógenos. Cuando no falla una marca, falla otra. Mas ahora, por vez primera, nos hemos quedado sin todos y cada uno de los tratamientos con valerato de estradiol, el estrógeno menos dañino, financiados por la Seguridad Social», responde Mulero. ¿Por qué razón hay esta ruptura de ‘stock’? Ella mantiene que es pues estos fármacos están indicados para mujeres cisgénero con una «menopausia precoz». Las farmacéuticas los fabrican pensando en ellas, no en las mujeres trans. «La población a la que está destinada es pequeña y se generan ‘stocks’ en función de esa gente». Para las mujeres trans este un caso más del olvido que padecen por la parte de las administraciones.

La carencia de ‘stock’ se debe a que estos medicamentos están indicados para una población pequeña: mujeres cisgénero con una menopausia precoz

Preguntada por este diario sobre esta problemática, la Agencia De España de Fármacos y Productos Sanitarios (Aemps) aduce que «existen opciones alternativas que, si bien puedan suponer cierta incomodidad a quienes los precisan, les deja proseguir con la administración con la adaptación del tratamiento que su médico determine». «Por otro lado, la agencia ha tenido asambleas con los colectivos para comprender mejor sus inconvenientes y buscar una solución en la medida de sus competencias. Y, finalmente, aparte de administrar los inconvenientes de suministro individuales, la agencia autoriza la importación de fármacos extranjeros cuando no es posible cubrir la demanda con un fármacos autorizado y comercializado», razonan fuentes de la Aemps.

Investigación del Síndic

En Catalunya, el Síndic de Greuges ha abierto una actuación de oficio para solicitar información al Servei Català de la Salut (CatSalut) sobre las actuaciones que está efectuando para asegurar la provisión suficiente de los fármacos que precisan las personas trans. La ley 11/2014 para asegurar los derechos de lesbianas, gais, bisexuales, transgéneros y también intersexuales, establece, entre otras muchas cosas, que el sistema sanitario de Catalunya debe tomar en consideración las necesidades concretas de las personas LGBTI con la intención de garantizarles el derecho a percibir la atención sanitaria y a gozar de los servicios de salud en condiciones objetivas de igualdad.

«Las administraciones deben tenernos en cuenta y asegurar que no nos quedaremos sin medicación. Somos una población que existe y que precisa una medicación crónica»

Fuentes de la Conselleria de Salut consultadas por este diario confirman que le consta, mediante la Aemps, del desproveimiento de Climen y Climodien, y de «inconvenientes de suministro» en Progyluton. No aclaran qué medidas va a tomar el Govern para asegurar el acceso de las mujeres trans a estos medicamentos y solicitan charlar con la Aemps «para más detalles sobre este desproveimiento».

«Las administraciones deben tenernos en cuenta y asegurar que no nos quedaremos sin medicación. Somos una población que existe y que precisa una medicación crónica», demanda Mulero. «Yo tardé muchos años en dar el paso para hormonarme. Hay una familia, amigos, un ambiente laboral. No es moco de pavo tomar esta resolución para que entonces no puedas hacerlo», afirma por su lado Fernández. Dejar de tomar estas hormonas, aparte de producir «ansiedad», implica para las mujeres trans, por poner un ejemplo, regresar a sentir la piel «más gruesa», ver de qué manera la distribución de grasa en el cuerpo es la «propia de un hombre» o bien padecer una «calvicie de patrón masculina».

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