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viernes, 17 septiembre, 2021

Las tres claves de la semana política: La ampliación del aeropuerto de Barna zozobra en La Ricarda

  • La nave institucional catalana es tan débil que puede hundirse en unas aguas tan poco profundas como las de la laguna del Baix Llobregat

Catalunya tiene una cierta tendencia a recrearse en la derrota. La Diada no deja de ser la celebración de un fiasco militar. Y lo más curioso es que se dedican ríos de tinta y de energía a determinar la propia responsabilidad en el descalabro. Las voces que esta semana han vivido la retirada de la inversión de Aena en la ampliación del aeropuerto del Prat como una derrota son más rebosantes de las que han festejado una victoria. Otra cosa es lo que piense esa mayoría sigilosa cuya potencia debía medirse en la manifestación del día diecinueve que ahora ha quedado descafeinada. Mas, ¿cuál es el perímetro del naufragio de este proyecto?

La política de la trastienda

Una esencial empresaria que tenía mucho que ganar con la ampliación me afirmaba esta semana: “¿quién puede meditar en el siglo veintiuno que se puede aprobar un proyecto como este sin explicarlo?”. El miedo por los costos reputacionales y electorales de proteger la intervención en un espacio natural protegido como es la laguna de La Ricarda que implica acrecentar las emisiones de CO2 ha tenido 2 consecuencias deplorables. Una parte del gobierno de la Generalitat ha querido utilizar las técnicas de tapadillo del siglo veinte llegando a pactos que no se firman para poder renunciar de ellos o bien modular a conveniencia. Y muchos de los alcaldes socialistas implicados no estaban prestos a soportar a solas el aguacero a fin de que fuesen otros los que luciesen la inversión. Es el naufragio de una cierta manera de hacer política.

El viejo ecologismo de fin de semana

Quienes conocen el cada día de la vida en el ambiente natural del aeropuerto no pueden eludir estos días estar más que sorprendidos. El amor por La Ricarda, como el que otrora se tuvo por el Delta de l’Ebre, sirve para parar grandes proyectos mas no inspira las políticas rutinarias de sus grandes defensores. La Generalitat de Catalunya amontona múltiples sanciones de la Unión Europea por el abandono de los humedales de los aledaños del aeropuerto como una multa por no haber ejecutado las compensaciones de la precedente ampliación. Algo afín ocurre con el Parc Agrari del Baix Llobregat, tan laudado estos días, mas que no ha justo la más mínima atención de la Conselleria de Agricultura, volcada desde los tiempos de Pujol en Lleida. El proyecto se ha debatido con el ecologismo reivindicativo de los años ochenta mas ha naufragado por la conciencia medioambiental del siglo veintiuno, más centrada en la huella de carbono que en una laguna artificial y privada.

El modelo catalán de desarrollo

Para zozobrar en unas aguas tan poco profundas como las de la laguna de La Ricarda, la nave en cuestión debe ser realmente precaria. Y la de la vida institucional en Catalunya lo es. Y no solo, mas asimismo, por el procés. Las grandes operaciones de desarrollo económico del último tercio del siglo veinte respondieron al siguiente esquema: propuesta empresarial de extenso acuerdo, pacto de los partidos centrales en Catalunya, reclamación al Estado de recursos, ejecución con quejas más efectistas que eficaces y a otra cosa. Un juego de pesos y medidas que se han roto por la construcción de bloques politicoeconómicos identitarios. Y de este modo es realmente difícil producir acuerdos ante proyectos complejos y cuya rentabilidad es intangible en un corto plazo. La Moncloa ha ensayado en un caso así una alternativa: oferta de inversión desde la villa de Madrid, busca del acuerdo con los actores económicos y presión para forzar apoyos políticos. Y ha fracasado en primera instancia. Todavía hay tiempo para revertirlo como apunta la ministra de Transportes. Una simple llamada de Aragonès podría valer para dejar en claro que en este duro camino se marchan a compartir los gozos de la inversión, las penas de la incomprensión y se hará compatible la su aptitud (cuya clave es la explotación inmobiliaria de la nueva terminal) con unas compensaciones más concebidas para persuadir a medioambientalistas que a ecologistas. Como afirmaba Tony Blair, los grandes pactos se generan en el momento en que una misma palabra cada parte la interpreta de forma diferente. El término “no destrozar” La Ricarda une a muchos en frente de la rigidez del “no tocar” y a la frivolidad del “desplazar”. No semeja tan bastante difícil. Mas la sutileza lleva años zozobrando.

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