31.1 C
Madrid
martes, 15 junio, 2021

Los Reyes visitan una reproducción del agujero de Ortega Lara

Los reyes ha visitado el día de hoy una reproducción del agujero en el que el funcionario de cárceles, José Antonio Ortega, pasó encerrado por ETA un total de quinientos treinta y dos días.

El terrorismo, en sus diferentes expresiones, ha asesinado a mil cuatrocientos cincuenta y tres personas en España o bien españoles en el exterior y ha dejado cuatro mil novecientos setenta y siete heridos. Desde el día de hoy estas víctimas cuentan en Vitoria con un centro creado para honrarlas, deslegitimar a los violentos y eludir que nuevos nombres engrosen esa luctuosa lista.

El Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, que ha sido estrenado este martes por los reyes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el lehendakari, Iñigo Urkullu, recorre la historia del terrorismo en España desde mil novecientos sesenta, año de la muerte de la pequeña Begoña Urroz en un atentado del conjunto antifascista DRIL, hasta la actualidad.

Una retrospectiva que ilustra la evolución de la violencia terrorista desde el respaldo social, asimismo fuera de Euskadi, del que disfrutó ETA a lo largo del franquismo, los años de plomo en los ochenta, la socialización del sufrimiento en los noventa y la llegada del yihadismo con su máximo «esplendor» en los últimos veinte años.

El centro aborda el terrorismo desde un doble prisma: uno informativo y pedagógico para explicar este fenómeno de una forma analítica y racional, y otro más sensible dirigido a humanizar a las víctimas poniéndoles cara, mostrándolas en familia en vídeos caseros antes que la barbarie pusiese fin a sus vidas o bien conociendo en voz de sus allegados el dolor enorme de su pérdida.

La visita arranca con un «audiovisual inmersivo»: una proyección sobre 3 de las 4 paredes de una sala de imágenes de atentados intercaladas con otras actuales del mismo sitio con el testimonio de una víctima narrando lo ocurrido como telón de fondo.

La idea es «empujar al visitante a una piscina» a fin de que, «venga de la calle con la idea que venga, esté metido en harina» desde el comienzo, explica a Efe el directivo de exposiciones Raúl López Romo.

La próxima escena golpea todavía con más crueldad al espectador: la esquina dedicado a los «ataúdes blancos», los treinta y cinco pequeños fallecidos en atentados, eminentemente de ETA, que asesinó a veintiuno, y del yihadismo, nueve.

La empatía con las víctimas salpica todo el Memorial y se consigue a través de objetos personales como la carta que el empresario Julio Iglesias Zamora escribió a su hijo a lo largo de su secuestro por ETA, el patinete con el que Ignacio Echeverría se encaró en la ciudad de Londres a los yihadistas que lo mataron o bien la bandera y el tricornio que cubrieron el ataud de Antonio Jesús Trujillo, el guarda civil escogido para simbolizar a los doscientos veinticuatro agentes del cuerpo asesinados por ETA.

Mas si hay un factor realmente estremecedor es la réplica del agujero en el que ETA encerró al funcionario de cárceles José Antonio Ortega Lara a lo largo de quinientos treinta y dos días. Adentrarse en ese espacio subterráneo de tres metros de largo, dos con cinco de ancho y uno con ocho de altura transmite sofocación y claustrofobia, y transporta a un temporada negrísima de la historia de España.

«Pasar unos segundos ahí dentro da suficiente materia para meditar sobre lo que pasó y para condenarlo», patentiza López Romo, que resalta asimismo «otra pieza más humilde o bien más reservada mas que tiene mucho sentido: el banco de la memoria», una pantalla con diferentes herramientas de busca para acceder a los más de mil testimonios de víctimas del fichero del memorial.

Otro montaje «muy emocionante» es el audiovisual de vídeos caseros con imágenes de la boda del líder del Partido Popular Gregorio Ordóñez y la luna de miel del socialista Fernando Buesa, entre otras muchas escenas rutinarias, como bautizos, comuniones y fiestas de aniversario.

«Transmite la idea de que estas personas tenían una vida normal como cualquiera de nosotros que quedó truncada inmerecidamente», resume el encargado de exposiciones del centro.

Si bien las víctimas son el eje del Memorial, conocer el terrorismo es acercarse asimismo a sus autores, a los policías que los persiguieron y a la sociedad que enfrentó este fenómeno al comienzo con indiferencia -o bien aun con el apoyo de una parte de la sociedad vasca- para rechazarlo tras forma masiva, un cambio de actitud que tuvo un claro revulsivo: el rapto y siguiente asesinato Miguel Ángel Blanco.

Las fichas con datos personales y aficiones que los etarras rellenaban al entrar en ETA, las notas del seguimiento de su objetivos, documentación falsa, folletines internos de ETA, cartas de extorsión a empresarios, armas y instrumentos explosivos sirven para ilustrar el cosmos terrorista.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado están reflejadas por su lado mediante sus herramientas de trabajo: un buzo de los Tedax, un robot desactivador de bombas, inhibidores de frecuencias o bien trípticos con fotografías de etarras que entregaban a los conminados a fin de que reconociesen a posibles atacantes.

El centro recuerda asimismo la contestación de la clase política, desde los desencuentros que pervivieron años a la unanimidad con la que el Congreso aprobó la ley de reconocimiento de víctimas; como la contestación social, desde la vergonzosa indiferencia inicial a las masivas manifestaciones de repulsa y las muestras públicas de dolor por la violencia.

De ese dolor dan testimonio los «altares» con flores, candelas, peluches, poesías y útiles de diversa clase que los ciudadanos ponen de forma espontánea en el sitio de un atentado. Desde el día de hoy una selección de esos objetos recuerda en Vitoria a mil cuatrocientos cincuenta y tres personas asesinadas y a cuatro mil novecientos setenta y siete heridos.

ÚLTIMAS NOTICIAS

NOTICIAS RELACIONADAS

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here