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martes, 15 junio, 2021

«No tener graduación ni reposo entre exámenes me ha resultado agobiante»

La Avaliación de Bacharelato para o bien Acceso á Universidade (ABAU), o bien ‘Selectividad’, como se le conoce popularmente, ha empezado. Una prueba que este año va alén de valorar a los estudiantes, por el hecho de que va a mostrar asimismo la capacidad de centros y profesores para amoldarse. Extiendas de mañana y tarde, clases y deberes telemáticos, asistencia con mascarilla y el frío invernal entrando por las ventanas abiertas del sala han sido las imágenes que van a quedar de este periodo atípico. «Ha sido un curso intensísimo. No se rebajaron los criterios de evaluación este año, mas hubo que recobrar la materia no dada el año pasado, a lo largo del confinamiento. A principio de curso perdimos un buen tiempo en eso, con lo que debimos apresurar y acelerar», explica Anabel Sande, maestra de inglés y revisora del examen a lo largo de la jornada.

Los pupilos, entre exámenes, se extienden por los alrededores de las facultades de Derecho y Ciencias Políticas de la USC, centros de examinación a lo largo de estas jornadas. Están distribuídos en pequeños conjuntos y muchos se distancian a caminar por el campus. No hay ni indicio de las aglomeraciones y el bullicio propio de esta prueba. «Esta mañana estaba nerviosísima, mas al ver que el
examen era en un sala pequeña con los de clase me calmé bastante. A eso ya estamos acostumbradas», explica Andrea, que descansaba con una compañera del IES Laxeiro de Lalín.

Las salas no mezclan pupilos de diferentes institutos y los profesores acompañan a sus pupilos a lo largo de la prueba. El motivo, conforme nos explica Marta Montes, pupila de Antas de Ulla, es que como todos llevan mascarilla, la identificación por documento nacional de identidad carece de sentido y alguien conocido tiene que contrastar que no hay suplantaciones de identidad.

Otra de las novedades pospandémicas es la mayor optatividad del examen. En lugar de seleccionar entre 2 opciones, el estudiantado elige 5 preguntas sobre 8. «Esto hace el examen más liviano», explica la maestra de Lengua Castellana Regla Rodríguez. «En mi materia, puedes no coger la teoría de la literatura» y hacer solo el análisis. Lo único que no cambia, conforme una pupila de Fundamentos del Arte, es que las imágenes de su examen «siguen imprimiéndose mal».

Llegan las 5 y veinte de la tarde y los pupilos de Dibujo Técnico ya están todos en su sala, pese a que el examen no comienza hasta y media. Poco hay que hacer entre exámenes y la disciplina resalta sobre otras ediciones. Por tema de aforo y reserva de salas, las troncales son todas y cada una de mañana, y las optativas por la tarde, algo novedoso este año que da más tiempo a los que preparan solo las obligatorias. Conforme cuenta Sande, las medidas se cumplen a rajatabla.

La preparación para selectividad este año atípico fue lejos de las biblioteca
s, donde «las mascarillas y medidas» la hacen «agobiante» para el pupilo Bieito González. Asimismo ha sido un año sin reposo. «Mis progenitores forzaban a mi hermana mayor a salir con sus amigos cuando preparaba selectividad» cuenta Andrea, que no ha tenido esa suerte. «No ha habido siquiera graduación que nos diese un respiro entre exámenes finales y regresar a estudiar».

En lo que todos coinciden es en que la prueba, por el momento, es accesible. «No ha habido preguntas a pillar», cuenta Andrea, si bien otra pupila asegura que Fundamentos del Arte ha sido «terrible» pues «han puesto obras muy raras». Al charlar de matemáticas, los pupilos encuestados suspiran un «uf, regular».

Cuando acaben selectividad, Ánxela y Andrea van a ir «a dormir». Lejos queda la idea del Interraí
l, o bien el tan ansiado viaje a Mallorca tras bachillerato. «A la playa, y con suerte a ver si salimos de Galicia». Todos coinciden en lo mismo: esperemos la normalidad llegue para su primer curso universitario.

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