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jueves, 5 agosto, 2021

«Tengo depresión y me dieron cita con el sicólogo para 7 meses después»

  • Édgar Cordido, que recayó sobre su enfermedad el pasado marzo, carga contra la «lentitud del sistema»

  • Como bastantes personas, este gallego residente en la capital de España no puede pagarse una atención médica privada

El lugués Édgar Cordido, de veinticuatro años, recayó sobre su depresión el pasado marzo. En el mes de abril, asistió al médico de cabecera de su hospital de la capital de España, donde radica desde los dieciocho años, con una crisis de ansiedad. «Expliqué que tenía antecedentes médicos alarmantes y pensamientos suicidas recurrentes», narra del otro lado del teléfono. Desde ese momento está de baja. Lo derivaron al sicólogo de otro hospital. «Y me querían dar cita para el veintitres de noviembre. Me eché a reír. Le afirmé al telefonista que no tenía culpa, mas que la crisis la tenía en ese instante», cuenta.

El caso de Édgar ilustra de qué forma ciertos pacientes con problemas médicos mental, que no están suficientemente agudos para ir a las emergencias siquiátricas, tardan demasiado tiempo en tener una primera visita con el sicólogo o bien siquiatra de su hospital. Ocurre, si bien de forma heterogénea, en toda España, y desde ya antes de la pandemia. El inconveniente es que el covid-diecinueve ha agravado los trastornos mentales ya existentes y aumentado el dolor sensible de la población, que pide más soporte de los recursos de salud mental.

Édgar, que es artista y comercial («cobro menos que ya antes de la pandemia y malvivo», afirma), no puede pagarse un siquiatra privado. Conque decidió hacer yoga, ejercicio y meditación. Tuvo suerte un día que se volvió a aproximar al centro de salud: había una sicóloga temporal con la que pudo hacer 4 sesiones. «Ella, la medicación y el yoga me reequilibraron un tanto. La sicóloga me solicitó una cita con Siquiatría y me atendieron a fines de mayo por el hecho de que me la logró adelantar», explica este joven.

Un par de años con depresión

A Édgar le diagnosticaron una depresión en el mes de marzo de dos mil diecinueve. Explica su historia con una calma que sorprende: procede de una familia desestructurada y padeció maltratos sicológicos y físicos siendo pequeño tanto en su núcleo familiar como en el instituto. «Yo ya venía de ahí, mas siempre y en todo momento he tirado cara delante. Un siquiatra me afirmó cuando tenía un cadáver en mí que me agradaba nutrir. Y me he encontrado mucha lentitud en el sistema», cuenta.

De marzo de dos mil diecinueve, cuando fue diagnosticado de una depresión, a junio de dos mil veinte, Édgar llegó a tomar hasta 9 medicamentos diferentes. Costó hallar el que hizo efecto en él. Tampoco se comprendió con todos y cada uno de los médicos que lo atendieron, ciertos tuvieron más sensibilidad que otros, si bien su crítica primordial es, repite, la «lentitud del sistema».

Aun llegó a solicitar un préstamo para efectuar un género de terapia que no ofrece la Seguridad Social (la EMDR, una técnica sicológica empleada para desensibilizar y superar acontecimientos traumáticos), mas debió abandonarla pues precisaba una cooperación en ella de su familia que no halló. Va a estar pagando este préstamo hasta los veintiocho años.

La recaída de este dos mil veintiuno

Édgar piensa que, si este año recayó sobre la depresión, es pues en el mes de agosto de dos mil veinte se incorporó a trabajar, puesto que la Seguridad Social (que, según él, no le hizo la pertinente valoración debido a la crisis sanitaria) le dio el alta médica. Él estima que no estaba todavía listo para regresar al trabajo.

«A mí la pandemia me ha ayudado para conocerme como jamás ya antes. Mas sé que bastante gente está padeciendo. Yo soy siendo consciente de que tengo una depresión», cuenta Édgar. Depresiones y trastornos de ansiedad están a la orden del día. Y, en pequeños y adolescentes, asimismo los trastornos de la conducta alimenticia y los intentos autolíticos. En verdad, los intentos de suicidio en los menores se han doblado en los últimos 3 meses, como explicó últimamente en EL PERIÓDICO la Jefe de Siquiatría del Centro de salud Sant Joan de Déu (Esplugues de Llobregat), Montse Dolz.

Édgar mira su porvenir con inseguridad, mas con determinado optimismo. «Solo deseo contar todo cuanto se vive en esta situación a través del arte, que es mi forma de estar bien y continuar vivo. Más que cualquier medicamento», asegura. Afirma estar «mucho mejor». Tiene cita para regresar a ver al siquiatra el dieciseis de agosto, mas confía en poder adelantarla.

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