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Xi amenaza a Taiwán con el uso de la fuerza

El presidente chino, Xi Jinping, advirtió ayer de que China se reservará su derecho a usar la fuerza para poner a Taiwán bajo su control, pero que, al mismo tiempo, se esforzará por lograr una «reunificación pacífica» con la isla autogoberanada, que, según Xi, tiene un brillante futuro bajo cualquier Gobierno chino. Taiwán siempre ha sido uno de los asuntos más delicados para el gigante asiático y Pekín lo reclama como su territorio sagrado. Es más, Xi ha aumentado la presión sobre la isla democrática desde que Tsai Ing Wen, líder del Partido Demócrata Progresista, se convirtiera en su presidenta en el año 2016. Entonces, emprendió una formidable apuesta personal para resolver lo que el Partido Comunista denomina como el «problema de Taiwán» cuando celebró la reunión histórica con el antiguo presidente de Taiwán Ma Ying Jeou en Singapur, a finales de 2015, precisamente poco antes de la elección de Tsai. Xi realizó un discurso, coincidiendo con el 40º aniversario de la primera aproximación entre ambos lados del estrecho, en el que declaró que la «reunificación» debe venir bajo una única China que acepte a Taiwán como parte del país, un anatema para aquellos que apoyan la independencia de Taiwán.

Ante una audiencia que incluía a empresarios de Taiwán y a altos funcionarios del Partido Comunista Chino (PCCh), el presidente chino expresó que la mayor parte de la población de Taiwán es consciente de que su independencia estaría abocada hacia un «gran desastre». «China no ataca a otros chinos. Estamos dispuestos a usar la mayor sinceridad y a expandir el trabajo duro para esforzarnos por la perspectiva de la reunificación pacífica», aseveró Xi. «No prometemos renunciar al uso de la fuerza y reservaremos la opción de emplear todas las medidas necesarias» para lograr este objetivo y evitar la independencia de Taiwán, sentenció el presidente chino, dejando claro que se toma como una meta personal solucionar el conflicto político con Taiwán durante su mandato, alargado en 2018 de forma indefinida.

Este discurso, en palabras de Xi, fue dirigido a las fuerzas extranjeras, las cuales intentan interferir en el problema, y a la minoría de las fuerzas de independencia de Taiwán y sus actividades. Pero no dio más detalles de lo que probablemente era una referencia a Estados Unidos, el patrocinador internacional más fuerte de Taiwán.

La presidenta de Taiwán habló tras el discurso de Xi y dejó claro que nadie puede cambiar el hecho de que la antigua Formosa es parte de China y que las personas de ambos lados del estrecho de Taiwán deben ser las que busquen dicha «reunificación».

Asimismo, la mandataria mencionó que la isla no aceptará el plan político de «un país, dos sistemas» ofrecido por China, al mismo tiempo que enfatizó que todas las negociaciones tendrían que ser de gobierno a gobierno. Además, Tsai instó a China a que entendiera a su gente, sus pensamientos y sus necesidades. «Hacemos un llamamiento a China para que, valientemente, dé un paso hacia la democracia, ya que solo así podrá entender verdaderamente el pensamiento de la población de Taiwán».

Bajo la fórmula propuesta por Pekín, Taiwán tendría el derecho a administrar sus propios asuntos, algo similar al acuerdo que existe con el territorio de Hong Kong. Sin embargo, Xi buscó tranquilizar a los taiwaneses al mencionar que no tenían nada que temer del Gobierno chino, a pesar de que la mayoría de los taiwaneses no han mostrado interés en ser manejados por un Pekín autocrático. «Tras la reunificación pacífica, Taiwán tendrá una paz duradera y las personas podrán disfrutar de una buena y próspera vida. Con el apoyo de la gran patria, el bienestar de los compatriotas de Taiwán será aún mejor y su espacio de desarrollo será aún mayor», auguró el mandatario chino.

Tsai, quien dice que quiere mantener el «statu quo» con China, y previendo estas declaraciones de Xi, ya manifestó el martes que China debe usar medios pacíficos para resolver sus diferencias con Taiwán y respetar sus valores democráticos.

Pekín ha enviado regularmente aviones y barcos militares para rodear la isla en simulacros en los últimos años y ha ejercido una gran presión sobre la isla a nivel internacional, incluida la reducción de sus pocos aliados diplomáticos restantes. Taiwán, una isla autogobernada, democráticamente y que actúa «de facto» como un país independiente pese a no tener un asiento en Naciones Unidas, se está preparando para sus presidenciales en el año 2020. El partido de Tsai sufrió pérdidas punzantes ante el Partido Nacionalista Kuomintang, cercano a China, en las pasadas elecciones municipales y locales.

Xi también comentó que se cumplían 40 años del llamado «mensaje a los compatriotas de Taiwán» del 1 de enero de 1979, cuando China declaró el fin del que había sido el bombardeo de artillería contra las islas controladas por Taipéi, y ofreció abrir una vía de comunicación entre ambas partes. Pese a todo, la oferta fue rechazada por el entonces presidente taiwanés, Chiang Ching Kuo, quien en abril de ese año emitió una política de «no hay contacto», sin compromiso ni negociación con Pekín. Chiang solo relajó el tono en 1987, cuando permitió que los taiwaneses pudieran visitar China para reuniones familiares.

Reuters